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Mostrando entradas de abril, 2007

SALIR

Debo salir a la lluvia que no quiero,
mi impermeable es de musgo perpetuo.
La esponja de mi corteza pesa demasiado
con tan frecuente aguacero carcelero de soles.
Mi canalón está atorado de nostalgias,
no desagua todo lo precipitado
y mi tejado de veranos de arcilla,
plagado de goteras de memoria,
no tiene recambio de actitudes.
Habrá que empaparse de lunes,
lunes de puentes dinamitados,
y buscar toallas tras el trayecto
para enjugar lo inevitable.

CRÉDITO

No quedan palomas sueltas
en mi cartera de cristal.
Estoy arruinado de alas,
deshauciado del arrullo.
¿Alguien me fía una palabra?.
Pagaré el rédito de los silencios,
dejo en prenda mi calavera,
hipoteco el hueco de mi pecho.
Puedo pagar cuotas de nada.
Soy solvente de vacío.

ROSTROPOVICH

El lángido gemido
del huérfano cello
al cielo clama
recibiendo eco.
Eco de la caricia
de un arco viejo,
del viejo Este.
Orfandad de la música,
notas enlutadas
recibiéndo pésames tardíos.

SOLANA

Hay un patio soleado con tendedero repleto de recién lavadas intenciones, abundante colada de propósitos secándose de imprevistos al viento de la cotidianeidad. Débiles pinzas de material ético soportando estóicas el peso de las lastradas prendas empapadas de pasado, de toda la humedad vivida y de la ansiada. La cuerda vital se balancea y el sol tardío evapora laborioso lo soñado y no vivido. Vientos sureños meciendo frías edades.

ALIMAÑAS DE GUARDERÍA

Sucias bestias
de miradas de fango,
proliferan en plaga
acechando los brotes,
para ensuciar la flor,
el juego de los esquejes,
buscando emborronar
las sonrisas transparentes
de arroyos crecientes,
viles asesinos
de la única inocencia.
Lúbricos reptiles
merodeando el nido,
babas de estercolero
corrompiendo todo futuro,
rosada carne temprana
malograda por la ruindad.
Cómo defenderse
de todo el mal pensable.
Cómo evitar el imperioso deseo
del antiséptico degüello,
efectiva terapia
para los hijos de Herodes.

CIUDADES.- MIERES DEL CAMINO

Imagen
En medio de un Camino,
un ojo gris
con párpados de verde monte.
Ojo mirando a un cielo,
cielo llorando “orbayu”.
Verde monte de negra entraña,
negro carbón agonizante,
polvo negro que invade
las barras de “chigre”,
que sostienen codos prejubilados,
escapándose entre los dedos
de los hijos de carne de apeadero.
Domingos claros de folixa,
plaza, gaita y “toná”.
Requejo de aroma ácido
de sidra salpicada.
Calle La Vega,
hormiguero de maquillajes imposibles,
saludo de corbata
y achaques intercambiados.
Tardes de “cabo d’añu”,
iglesia de San Juan.
Espesor de nube
de bochornoso agosto
o blanco manto
de dura helada de enero.
Mieres del Camino
de incierto destino,
ojo gris,
lánguida mirada al cielo
desde el centro del Paraíso.

ARIA

Garganta de soprano pariendo belleza, el aria brota de la milagrosa fuente salpicando la piel erizada, mientras todo el dolor de la tierra se va anudando en la entraña. Todos los amores, los adioses todos, todas las muertes posibles, están ahí, en las desgranadas notas de la diva hiriente. La seda en oleaje inunda el débil párpado cuando roza la médula, la espina de lo sublime, de tanta belleza dolida.

HOJA DE LUNA

Hay heridas de corte de hoja de luna, tajos de filo menguante, heridas de luz blanca, seca, cauterizada y aséptica. Lesiones de errática noche, infectadas de niebla, de helada cicatriz. Hay quemaduras de escarcha, de llama bajo cero que cristaliza abrasando todo lo combustible, evaporando razones y congelando lógicas. Hay postilla de realidad en el anhelo tumefacto. No importa el apósito, algodones de duda o preguntas tejidas en gasa. Corte de hoja de luna, tajo de filo menguante, traicionera cuchillada de eclipse oxidado.

QUÉ

Qué piensas que voy a hacer
cuando todo está deshecho.
No puedo planchar mi gesto
para lucirlo de domingo
como si fuera primavera,
cuando tengo en las tripas invierno.
Qué esperas tras otro día
en que ocurre todo
pero no pasa nada
y los rencores mal lavados
desbordan los cajones desconchados
de todas las viejas mesillas
con lámparas de cansada luz amarilla.
Ni una maleta deshecha
contesta mis preguntas,
ignorando el olor acre
de la camisa usada
de cansado sudor llorado.
Se abre otra incógnita
en la vieja cocina apagada,
donde está la sartén
de las palabras crudas.

HOY

Hoy, en este día preciso, en la quietud de un planeta paralizado, pausada la rotación, perenne hoja de calendario, no estoy. No me busquéis en las horas decretadas, huí hace tiempo de los minutos afilados y me escondí tras el dígito, frenando su avance terco de correlativo número empecinado. No me veréis pasar, pues no camino por esta página, duermo sobre la pausa, acunado entre paréntesis sobre puntos suspensivos. Mañana, acaso restaurado el ciclo, estaré donde siempre o donde nunca. Mañana, quién sabe cuando, puede que en algún momento preciso o translúcido y difuminado, estaré ahí, donde se suele estar en estos casos.

DOLOR DE PALABRA

Las palabras repetidas,
con monótona y alevosa insistencia,
van ganando peso al arrastrarse
en el resentimiento
y duelen más,
mucho más
cuando golpean.
Al tensar el vocablo,
estirándolo con furia,
como arma primitiva,
se agrieta en el sentido
y al romper,
fustiga el ánimo
estallando en el rostro,
como bofetada del revés.

RITO

Hay días en que se evocan todas las fiebres, encuentros de piel contra piel, aliento ahogado por aliento, monopolios de la saliva sedienta. La furia de la carne temblorosa y tensa, ríos internos de sangre hirviendo, aromas de sal, espuma de ola y sabores de cuerpo. Sábanas arrasadas en la contienda, derrame de néctar de abiertas flores en voraz incendio de ansias guardadas. Hay días en que se evocan todas las muertes, cuando te vacías de vida trasvasándola entre anatomías en el cúlmen del ritual arcano, el reloj fundido en la pared sudorosa de la alcoba del templo.

VIOLÍN

El violinista tortura con experta saña los nervios del violín y éste, indefenso y abandonado, grita lastimero el más bello grito, el lamento de ave herida que inunda los recovecos del alma. Abrazado y atenazado, acariciado y rasgado, glorioso y dolorido, el violín violentado, violentamente dulce, en las violentas manos del violinista que viola engendrando lo sublime. Dolor de madera noble, fuente del humano gozo.

CAMINO DE ESPUMA

Imagen
Foto del autor
Cansados pies de larga caminata
en espuma cantábrica hundidos.
Frío viejo para vieja planta,
alivio de tantos pasos dados,
tanto recorrido,
tanta sal llorada
que el mar devuelve
a las ancianas raíces,
doloridas de tiempo,
de paciente espera del final
ni ansiado ni huído.

CASABLANCA

El humo no tiene nombre,
ni ciudad la carne cercenada.
Los dioses antiguos dinamitan fieles,
en las plazas eternas,
junto a los templos
donde el hombre se agacha.
No hay paraíso para el guerrero
que siembra versículos de horror.
El té de sangre infusionada
guarda toda la amargura
del odio enquistado,
del grito de un niño
de breve futuro.
El profeta,
imbécil como todo buen profeta,
recoge su cosecha de huesos
sembrados en el pavimento.
No nos quedará ni París,
mi amor,
que también allí llega la peste.

VOTOS

Mentirosos ternos,
falsa voz engolada y pastosa,
púlpitos para venderte recipientes vacíos.
Frases manufacturadas en serie
inundan tu cabeza de futuros nunca consumados.
Precisan solo un gesto tuyo,
una liturgia matasellada de supuesta libertad,
y tendrán todo,
el terrón que soporta el peso de tus pies,
luz para cegarte,
y hasta el vuelo de tus palomas.

ESPEJO

Imagen
La barba blanquea
ocupando el perezoso rostro
divorciado de la cuchilla.
Bajo los ojos vidriosos de torpe despertar,
embalses violáceos de quién sabe qué líquidos retenidos.
Labios manchados de nicotina antigua,
en la noche destilada,
regusto de carbonilla
en el maltratado paladar.
Pesa el tiempo,
pesa el espacio,
viajas por los años
y hay mañanas,
muchas mañanas,
en las que no te reconoces
consciente de que eres tú,
que el espejo no es ventana,
es espejo,
y el reflejo
solo invierte los hemisferios
devolviéndote volteado
pero tal y como eres.

CRECER

Mente de cuatro cortos años hilando palabras grandilocuentes, entretejiendo entelequias, emulando complejidades adultas, imposibles conversaciones de alta tertulia. Teatrales gestos que desbordan el mínimo óvalo del infantil rostro, enfatizados por danzarinas manos, voladoras, redondas y abiertas, con los nudillos ocultos. Reproches a la imaginaria amiga, objeto de las frustraciones y chivo expiatorio de la travesura. No tengas tanta prisa por alcanzar el absurdo, la triste sofisticación del mayor, huérfano de la inocencia y de la verdad de lo que es cierto.
No te fíes, no te creas nada, la estafa es la norma. Mienten las sonrisas blancas, el blando apretón de mano lacia, no hay más beso que el de Judas. Guárdate dentro, acorázate de las palabras. Las caricias hieren cual cuchillas de infamia.

SISTEMA

El fruto del sudor honrado se evapora, asciende en nube negra a las torres donde se atesoran los sueños. La corbata de seda crece imparable mientras ahorca impasible la esperanza de manos callosas. No hay pan nacido ni ganado, solo pan arrebatado. Una tecla, una nota seca de un piano extraño, es la señal para la ruína. Tu vida tiene medida, la fluctuación de un porcentaje.

MIRA

La gente que mira, gente viva de luz de ojos, de palabras en las pupilas y caricias en el gesto, es la gente que miro. Miro y silencioso converso, saludo intercambiado, caricia a distancia, sin cables, valientes ojos que nunca huyen del breve encuentro, limpios de recelo, lúcidos de verdad, de la verdad cierta, sin cámara oscura, sedientos de luz fresca. La gente que mira, gente de piel honesta, de arrugas sabias, hijas de la expresión amable, día a día repetida. Mira a la gente, mira.

CONTIENDA

En el fondo del baúl, parapetada entre pañuelos de lágrimas secas, tengo un arma de hielo perpetuo. Cargada y lista para la lucha, para cuando estalle la guerra de los inviernos. Barricadas de desidia se levantan en mis fronteras de esparto, impermeables al vacío de las voces huecas. Invulnerable en mi castillo de dudas, recargando interrogaciones con obuses de impaciencia. Alambradas de relojes de agujas fundidas protegen la yerma patria engalanada con banderas de celofán incierto. Todo está listo para el feroz ataque del estatismo. Sitiado por lo posible, aprovisionado de ausencias, la rutina centinela afina la corneta anestesiada y muda para la alarma. Un estandarte de aire orgulloso ondea en la torre de hojarasca del bosque de calendarios.

TARDE Y VIERNES

El hombre se acorrala en la tarde,
las horas le palmean la frente.
Anclado en un instante vacío,
en la nada de la nube hueca,
lloviendo ausencias de nadie.
Es viernes,
y además santo.
Se conmemoran tragedias encuadernadas,
mientras tu sombra,
espantada de la bruma,
se arrodilla a tu espalda
y tú no das clemencia.
Es hora ya
de lavarse de nuevo las manos.

ABRIL

Abril tímido,
sol avariento
de luz templada.
Aire de azahar,
rumor de brisa.
Propicias la sonrisa,
o la lágrima embalsada.
Abril me llama,
me lleva al mar.
Rumor de ola,
gaviota herida,
Abril sin más.

VENTANAS

Se abren ventanas nuevas
en los salones del alma.
Ventanas para asomarse,
para mostrarse ventanas.