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Mostrando entradas de enero, 2012

CANCIÓN DE ALMIRANTE

Recuerdo que compré una luna llena
para eludir  las noches de cantina,
que suelen traer penas
y no indultan condenas.
Pero forzó marea en la salita
e inundó mi alma de su arena,
de espumas la alacena.
Pero quiero su sal para mi adobo,
si me falta la luz de ella la tomo.
Por mi ella orbita
y en su camisa
escondo las sonrisas que le robo.
A veces se estrecha la carretera,
y puede que se empine la escalera,
pero hay aliento
para el intento,
y se retoma el rumbo en mi patera.
Porque yo no soy más que un inmigrante
vestido con el frio del estrecho,
pero en el pecho,
escondo mis papeles de almirante.

ORZÁN

Lloran gaitas de espuma
en Orzán por los valientes.
Una noche estúpida
de tercas mareas festivas
se llevó los afanes
de quién no vio muerte propia
 para espantar muerte ajena.
 Es el cincel del servicio quién,
a veces, graba lápida, 
dolor huérfano en las casas
sedado por luz de orgullo.
El honor de lo obligado,
sin poder ser exigido,
tantas veces malogrado,
tan pocas agradecido.
Tanto coleccionar
infiernos entre los años
que ahora no me extraño
cuando me pongo a aullar.
Tanto jarabe de palo
consumí por mis andares,
que me cuesta ver lo amable
que se remueve a mi lado.
Y toda palabra es cuchillo
y sangro a cada reproche,
lo que hace que derroche
fiereza de mis bolsillos.
Como lobo acorralado
hago asomar el colmillo
cuando me llega el tufillo
del previsible altercado.
Pero me falla el olfato,
y la mordida es mellada,
patética dentellada
de un resabido gato.
Manía persecutoria
que diría mi psiquiatra,
guardo el aspid de Cleopatra
escondido en la memoria.
A cadáver huelen  las palabras esputadas  a verdad muerta.  Puede uno investirse  de indignación fabricada  y desplegar oratorias  para modelar lo falso,  hacerlo cierto,  y venderlo reciclado.  Pero ya no hieren  las dagas humillantes  forjadas en fragua de berrinche.  Que no hay causa  ni para trámite,  que todo es humo  de fuego vano,  prendido en humedades  de lloviznas mezquinas.  Las risas rotas  no quiebran al cómico  que cierra teatro.  Valdrá la sorna  para otros andurriales,  que aquí no cala  tanta parodia.

MIS MAREAS

En mis mareas viajo
buscando palabra justa
de piel de luna
que dé claridad a la idea
para alumbrar perspectivas.
No veo andén
de destino cierto
a los actos que propongo,
paradas técnicas
en la vivencia.
Porque ni la verdad vale
como moneda en pago,
se debe cargar balanza
de estrábica justicia.
No es la sangre vertida
la que da gloria a la victoria
pero sin rojo no hay conquista.
Decir lo dicho,
qué derroche.
Contar lo evidente,
qué estulticia.
Me reitero contra el muro
hasta que agrieten las luces,
dejando escamas vivas
en los impactos tercos.

MEDIDAS EXTRAORDINARIAS

Moderar el presupuesto  de palabras públicas  en las que invierto.  Habituado al déficit  vital para el avance,  me piden contención  del gasto emotivo,  racionalizar el pálpito.  Pues todos califican  y mi riesgo se dispara,  pero tengo deuda en sangre  y no me importa el tipo  aplicable en el mercado  de la vida a medio plazo.  Subiré las tasas  en esperanzas,  congelaré las lágrimas posibles, ahorrando en sal  para la tierra. 
Asomado a la ventana veo
mis pasos de mañana,
probables sólo.
Tiene el silencio más filo
que lo que calla.
Su herida es ciega.
No siempre es luz
lo que brilla,
destello de lentejuela
que oculta sombra
que acaba por aflorar
para negar reflejos ajenos
de espectro de color
no programado.

DISTURBADO

Disturbado por la ausencia  de barricadas en la mente,  se me envía aviso urgente  de alistarme en la demencia.  Pues resulta procedente  recurrir a la locura  para evadir la amargura  que se me sirve caliente,   fermentada en levadura  que me levanta la piel,  aderezada con hiel  y unas gotas de angostura.  Pero descalzo mis pies  para jugar con los charcos,  en la intemperie me embarco  y pongo rumbo a tu piel  dónde mi nave embarranco  a la conquista de espumas,  alumbrado por tus lunas  en tus arenas descanso.  Y no me salen las sumas,  las restas se saldan solas,  hago recuento de olas  parapetado en tus dunas.  Pues eres tú la matrona  que me hace parir palabras  en verso que se desarma  en vuelo de mil palomas.

CONTRICCIÓN

En tus temores mi pena  de tu penar sin delito,  que yo forjé la cadena,  la que te lastra el camino,  la que entorpece tu paso  con eslabones de arena,  pues te legué mi fracaso  y así heredaste condena.  Pero yo tengo la llave  que descerraja montañas,  sobre caballos de aire  galoparás la mañana  que será canto y no grito,  que será brisa del ala  de un ángel reconvertido  en el guardián de las hadas.  Perdona mi torpe vida  del error como diploma,  cicatricé mis heridas  y desprendo nuevo aroma, 
Para cuándo la certidumbre  de lo posible y conveniente,  para cuando el fin  de la espina que se entreteje  en mis inermes brazos,  ligadura fiera  de vida en sueño.  Qué querencia  tiene mi ruta  hacia el nublado  que no puedo pasar  tragos de miel  sin la quinina que me tiñe  del amargor añejo.  Por qué no lo normal,  sin glorias  pero sin penas.  Quién pudiera  tiranizar puntual  las voluntades urticantes  que se oponen a lo correcto.  Encarcelar la infamia  en mazmorra perpetua  y exiliar lo egoísta  del amor a retazos.