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Mostrando entradas de noviembre, 2012

NI PESAN LOS VERSOS

Ahora, hoy mismo  que superado está con creces  el ecuador de este valle,  descubro en el espejo  menos de lo que había.  Serán los tiempos  y la niebla densa  que nos ahoga,  o será la mente  la que realidades pinta.  Menos que nunca,  un ápice de mí soy,  dónde olvidaría el resto.  Dónde lo apostado,  todo perdido o hurtado  por el trayecto errático  de este viaje en tercera.  Ni pesan los versos  que derramo,  leves por vanos,  sobre un teclado artrítico,  sufrido de mí en demasía.  Y no es que amores no tenga,  que tener tengo,  pero me reflejo menos,  ni se me nota en la escena.  Será kafkiana metamorfosis,  aun sin llegar a insecto,  pero casi temo ser pisado por el zapato breve  de alguna infancia  que deambula por mis inmediaciones.  Será la crisis,  será crítico,  será crónico,  no terminal, espero,  más agudo este no estar  que se acrecienta.

Niños

Niños como escudo,
niños como objetivo.
Niños como cifras,
como estadística
de los infiernos.
Niños como coartada,
como estampa los niños
en cadáver leve
pero denso de conciencia.
Niños esclavos de las rabias
hereditarias y endémicas
de la patria de los muros.
Aplastados bajo los libros
de patrañas en versículo.
La muerte como juguete
y el odio como aula.

Muertos los gorriones

Si el termómetro sangra
mercurio azulado
la tempetatura es plana
y se obvia la fiebre
en la epidemia de ansia.
Es hielo crudo
el alimento prescrito
para cristalizar  la rabia.
Muertos los gorriones,
apenas queda trino
de guardia
en la ciudad de la grieta.
No hay nadie
al lado de nadie
bajo las cúpulas
ni en los tresillos.
Duele lo mío
y lo demás es borra
de café recalentado.

Lo de hoy

Imagen
Que me digan los que saben
de los pesos y las escalas
dónde escondieron lo posible
que me correspondía en derecho.
Pero callan, ocres y neutros,
con la verdad extraviada.
Entonces hablan los sabios,
apóstoles de los edenes,
henchidos de doctrinas
comprimidas en poca letra,
obviando lo perpetrado
y vendiendo trayectoria errática.
Ya no me atraen farolillos
de verbena remangada
pues falso es el sudor impostado.
Y seguirán ahí,
cabalgando columnas,
sabedores de las órbitas,
cadencias y querencias
del rebaño endémico.
En plena retirada
mi liquidez se encuentra
mas la solidez no avanza
y queda uno empastado,
sin lograr ser argamasa
que sustente el muro
que detiene el frío,
afilado e inciso,
que nos llueve en saetas.
Reina el hielo
en los portales de penumbra
a los que nos abocan.
Se cotiza la sonrisa
en el país de la boca prieta,
del fruncido labio
alérgico al beso.