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Mostrando entradas de septiembre, 2015

Sistemas.

Dónde va uno a constelarse
cuando es falsa toda órbita.
El egoísmo es motor inmóvil
que todo paso genera
y la caricia se lleva
escamas de piel en desgarro.
Que es el amor estafa,
siempre lleva
más que otorga,
y se ensaña en las carencias
acotando territorios.
La indigencia de razones
que gobierna los entornos
asola las fortalezas.
La telaraña ahoga,
adhesiva y amarga,
reduciendo posibilidad
de redención de purgatorio.
Cuánto paso torcido
precisará una vida
para alinear planetas
hacia una estrella justa.

No espero.

No espero yo más vida,
que bastante ésta acorrala,
ni días de hojas secas
en el sendero escarpado.
Mi rastro es leve
y lo barrerá la llovizna,
no tengo vocación fósil
de perdurar en archivo,
pues igual me dará
cuando no sea.
Agota tanto el testimonio
cuando todo se presencia,
que no habrá pena
en el sobreseimiento.

DEJADME.

Dejadme a mí en la orilla,  que las corrientes sean vuestras,  que desde la hierba dorada  veré vuestros aspavientos torpes  y las necias brazadas  hacia ningún lugar,  con vocación de cieno.  Dejadme a mí,  que yo me amarro  y me humedezco de brisa,  que al río iré,  pero desnudo,  sin pesadas túnicas  de denominación originaria.  Seguid los cursos que os marcan,  extraviaros en los meandros  entre los juncos de marisma  y sed eso,  masa líquida en avenida.  Soy madera vieja  de chalupa en dique seco  y no quiero nombre,  ni marea que me gobierne.  Dejadme aparte,  tendido al sol tardío,  consciente de los átomos  y las constelaciones.

TRADICIÓN.

Ante vientos de progreso,  de avanzar hacia lo humano,  reaccionan los matarifes  de la canana montera,  con paralela escopeta  o lanza para res brava,  jactándose de tradición  y gomina rancia,  bajo bendiciones lascivas  de banderas expropiadas.  España secuestrada  como idea,  refuerzo del alambre  y las cruces,  bajo un sol exclusivo  para los rostros de raza.  Pero el tiempo avanza  y el hombre no es ajeno,  y la identidad no es estática  ni se funda en el medievo.  Y dejará España  de ser capilla para ser aula,  de coto de caciques  a encinares de esperanzas,  del coso cruel  a la escena de sangre falsa.  Y no volverán,  más que les pese,  generales tuertos  a venerar la muerte  incinerando bibliotecas.  Anecdótica puede ser  lo que ahora llaman caverna,  mas lo oscuro es estridencia,  redoble de procesión  y clarín taurino,  y la rosa se anestesia  con los inciensos. 

Apocalipsis improvisado.

Nos matará la nieve
a quemarropa,
con rabia de avispas,
y velará nuestros cadáveres
una guardia de gaviotas mudas.
No habrá piedad
para los perdidos
entre orillas,
el fuego será viento
de todas las arboledas
y la luz cautiva
dará fe de la avalancha.
Los ángeles sucios,
drogados de cristales rotos,
empuñarán espadas descreídas
contra legiones de apestados.
Veremos todos los infiernos,
en visita guiada
por perros de presa
y las glorias cerrarán por quiebra,
liquidando absoluciones
entre los mendigos de perdones.
Está escrito en piedra de sal
por profetas paranoicos,
lo que no será,
probablemente.

Vente.

Vente a mi huerto
de palomas ciegas,
donde florece el aleteo,
y a la sombra de un árbol
de pañuelos de satén
te entregaré lo tibio.
Vente a vestirte
de aliento herido
y cazaré para ti
luciérnagas perpetuas
que te iluminen la entraña.
Ven a rompernos
las cinturas desbocadas,
cabalgando noches
y madrugadas rojas
de brasa lenta.
Vente,
o no vengas,
no estés siquiera.

La insolencia de la espuma.

Qué insolencia la de la espuma
que nos vomita cadáveres
de infantes atónitos.
Quién mandaría a las mareas
regalarnos la crueldad
de lo que obviamos,
en consejos de administración
o en bursátiles zocos
de la ignominia.
Qué necesidad había
de esa bofetada justiciera
de realidad en crudo
sobre la mesa del salón.
Qué falta de tacto,
la del que a nuestra puerta llama,
cadáver o moribundo
de nuestras guerras en diferido.
Carne de niño
a la sal marina,
cordero pascual
de nuestros festines.

Feliz día.

Éstas no son mañanitas,
que ni sé cantar madrugado
ni soy un rey hebreo.
Una felicitación torpe,
el día que cumples vida,
de un torpe hijo
que te la debe,
vivida y por vivir.
De ti tengo lo bueno,
que lo malo es cosa mía.
Te llevo en la encarnadura,
en la mueca de la sonrisa
y el ligero verdor
de los ojos por momentos.
Siente mi beso lejano,
madre raíz
de este árbol tortuoso,
tierra de los jardines
y los frutos soleados.
Leona de San Roque,
reina madre
de príncipes desterrados.
Que la vida te lleve en andas
tapizadas de terciopelo,
y te diluvien pétalos
de las rosas más intensas.