Pasan las noches febriles
por encima de tu osamenta
y las voces huecas
descargan letanías vanas
que en el cráneo percuten,
como redoble de patíbulo.
En el duermevela una frase,
de trasnochada película
en el televisor de guardia,
te recuerda que el relato continúa.
Todo pesa demasiado,
la estupidez ajena es mercurio
y la propia plomo fundido.
sábado, 20 de febrero de 2016
Febril.
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SIN VERSOS EN LAS YEMAS
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