y no tengo nada que darle.
Nada tengo para el voraz
saco de arenas que me reclama.
Soy peligro latente,
insoportable en el estar
porque estoy no estando.
Ausente en vida,
presente en amargo
No debe saber mi enemigo
de los renglones de mi cuaderno
pues poderoso se cree
creyéndome vulnerable.
Mas tengo historia intensa
y lidié reses mas bravas
en plazas de más tronío.
No me arredran altiveces
de señoritos de pueblo
que hubo esquinas más fieras
que anhelaron mi nuca.
El matoncillo emboscado
no conoce escaramuzas
en ciudades de entidad
ni que hay maldades que superan
sus bellaquerías de gañán.
Sus voceros debieran
tomar nota en consecuencia
que reir gracias no es vano.
Sigo aquí,
sin temor al encuentro
que de otros libré
y sigo entero.
No fui yo
quién destapó la caja
de todos los truenos.
Tú,
que casi no tienes culpa
porque tu mal es esculpido.
Tú,
mi afán mas arcano,
insertaste en mi esencia
dolor de rayo.
Hacha de tormenta
deshilacha mi corteza
viendo lo falso
en que se tornan tus querencias.
Qué pretensión se te inocula
para envenenar lo puro
de tu infancia.
No, mi vida.
No es camino amable
el asfaltado con la intriga.
Mas mi dolor no importa
si no doliera
lo que sufrirás
si creces en falso.
Dolor de rayo,
amargor de trueno
y migraña granizada
viendo que lo que odio
reside en lo que más quiero.
Se marchitaron los brotes de versos en las yemas de estos sarmientos, gélidos de la nevada, y el racimo es promesa por incumplir. No abu...