Hoy es día de docena,
que años son para una pena,
pues pena me ofreces
y penarte es mi condena.
Creces como progresa
el ángulo necio
de la divergencia
que errónea trazas,
despreciando las manos
que te anidaron.
Mas culpable soy,
bien cierto es
que mía fue la fuga
del penal de los ruidos,
en el que cómoda pareces,
asumiendo el caos
y negándome en tu esencia.
Espectador seré,
si así lo quieres,
de tu medrar desde aquí al lado.
Cada tres de enero
te cantaré la nana,
desentonada y ronca,
que te arrastraba al sueño
entre mis dedos,
para que duermas, niña,
ajena a la presencia,
hasta que veas, niña,
que tengo manos tuyas.
Felicidades, niña,
felicidades.
sábado, 3 de enero de 2015
Docena.
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