Niñas insomnes deambulan
por los pasillos espirales
de mis duermevelas,
tocando a las puertas
de las alcobas inundadas
de este hotel flotante
a duras penas.
Las madres duermen
toneladas de sueños
alquilados,
casi inmunes
a zumbidos infantiles
de falsa alarma.
Horas de plomo
en noches robadas.
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