Café recién hecho,
tú,
mi amigo matinal
que me animas al inicio.
Sólo tú sabes,
aroma denso,
de mis cuitas y miedos,
y me endulzas amargores,
asistido por azúcar.
Levemente aligerado
del negro,
por leche en nube,
acaricias los adentros
para que no se note afuera
el sueño malgastado.
Empapado en tí,
salgo,
apartando las escarchas tardías,
presto a la batalla
que se libra en la rutina.
miércoles, 22 de abril de 2009
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