CANTO DE ARCILLA

Arrasamos rastrojos
con fuego de conciencia,
inundamos los ojos
con lágrimas de alivio,
mantenemos los cirios
con ceras de paciencia,
mechas de sueños rotos,
rescoldos del delirio.
Y con luz de esa llama
cocinamos los días,
al borde de la cama
refundimos las noches,
con fuego o con reproche
forjamos la luz fría
de la azul letanía
que alumbra y nos apaga.
No se puede coser
arpillera con seda,
no se pueden tejer
visillos con alambre,
no se puede tener
el mundo en la vasija
sin soldar la rendija
por la que pierde sangre.
Quién pudiera amasar
la arcilla que nos forma,
para así modelar
figuras a medida,
quién pudiera enterrar
cadáver de momento,
quemar los testamentos
que nos legan la herida.

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