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Mostrando entradas de abril, 2008

MADRIGUERAS

Enfermas, terminales, las ciudades vomitan habitantes víricos. Enquistados tras sus muros, hozan en su miseria estremeciéndonos cuando la luz, la que a veces se enciende, nos muestra las heces pútridas de lo humano. Las paredes sucias de grito empapado, y niñas, niños, creyendo que la vida era eso, el infierno como hábito. Cuánto terror dan los espejos.

BRISA

Hay días que camino a contraventana, la cara al fresco, maquillado de aire. Erguido sin arnés, centelleando a ojo media sonrisa en oferta, celebrando los cruces y los roces. Y no hay motivo para tal lujo, más bien al contrario, pues los días pesan y espesan los anhelos. Pero me enfrento a las luces, pisando sombras huidizas. Esos días soy y estoy, no falto y se me nota.

OCULTO

Por contar un sueño soñado sin afán, traicionero y casto, pago penitencia. Purgo lo infactible y de lo factible me exime la idiotez. Soñar en secreto, clandestino, oculto tras la almohada de los radares fríos captadores de imágen etérea y falsa, detectores de anhelos volátiles, ajenos al dolo y a la culpa.

SENTIDOS

Sí, ví la luz del fondo de tu cuenca, refractada, irisada, tras el azul de tu pupila limpia, de torrente de abril. Oí, sentí el grave aterciopelado de tu voz de marea baja a oleadas mojando mi cuerpo aterido. No gusté, ni tacté en la vigilia, mas sí en el sueño del imposible vedado. Por qué el hallazgo, hoy, a destiempo imprudente. Por qué hay ansias de ida y vuelta.

DÍA AJENO

Masticando vidrios rotos junto a un vaso fundido, sobre un mantel de lija, busco la clemencia de una ventana opaca que solo me salpica de migajas de luz gris. Y sé que hay azul que se me niega, condenado a lo pardo, o al celofán que no permea ni gota ni silbo, dejando en mi ropero una camisa de ahogo planchada a vapor de lágrima. La niña me pide el tiempo, mas cómo decirle que todo lo debo, que no puedo testarle más que prisa, deuda de vida y otoñal calendario. Dónde el árbol y su sombra donde enredar cometas.

TABACO

Intento salir del humo, del que da contenido a mis toses, a mis esputos. El veneno marrón que respiro degustando tóxicas bocanadas, que me ahoga y mata, me condena, me encadena, y llena el vacío de los momentos, los silencios, las pausas, palabras envueltas en papel y volutas blancas, o grises, tiñendo las cortinas, amarilleando canas y sonrisa. Escapo de la brasa, la ceniza que ofende los ropajes negros y los blancos pavimentos. Reniego de la elegancia, del carisma liado, incinerada virilidad del patético suicida. Busco el fresco del aire que no llega a recovecos de un pulmón en ciénaga. Sufro la ausencia, me consume la impaciencia de volver al agujero de la garganta hervida y boca calefactada de áspero beso. Lucho por la libre vida, independencia del absurdo, de la lenta autolesión gozada en sobremesa. Huyo de ser fugitivo, proscrito toxicómano, encabinado, aislado, mal mirado por incorrecto. Querer, quiero, poder, no sé. Yá se lo cuento, o lo invento y miento.