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DEUDOR.

Perdona el retraso
en ímpetu y sangre,
mas me entretuve en negocios
de muerte en adelanto.

Retorné con gemido desahuciado
pero conservo cantar de roce,
percusión y cuerda.

Disculpa la ausencia breve
tras la explosión de estrellas,
pero quedó equipaje
en la consigna oscura
de aquel andén sin vuelta.

Sé que temblor te debo
y espasmo postergado.
Acopio hago
de lo anclado
en el extravío.
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SAN XUAN REPITE.

Como el año pasado,  ciudad celebro  y celébrome yo  en la estancia,   aun con socavado cuello  y voz desertada. 
Me celebro patronal  por ciudad de origen  y villa de destino,  por seguir pasajero  de este buque de derivas. 
Ciudad celebro  y celebro gente que me anida,  en cada calle y mirada,  palabra y gesto. 
Celebro hoguera  y vida en llama,  círculos concéntricos  al calor de lo humano. 
San Xuan repite,  contarlo se festeja. 




SORBO DE VIDA.

Vuelvo al sorbo de vida
intentando no volver al degüello.

La cuchara vuelve a hallar dársena
en mi boca muda
donde atracar con carga leve,
sin huelga en la estiba
de este puerto sitiado
demasiado tiempo.

Vuelvo a libar,
cual frágil colibrí
en cáliz de flor miedosa.

Vuelvo al gusto
sin disgusto,
lentamente,
avanzadilla
en escaramuza,
por aquello del recobre.

RETORNO DEL DEGOLLADO.

Retornó el degollado a Mieres,  silencioso y nasogástrico,  sondado en nariz parcheada,  sondeando rostros e intenciones,  reacciones,  saludos gratos,  sinceros,  miradas huidizas  y repetitivo morbo. 
Retornó provisional,  tanto o más que todos,  de paso y pausa  en la villa del camino,  éste,   el que no peregrina. 
Discreto de palabra,  ruidoso de rostro,  sorteando las terrazas,  gradas procesionales,  escaños de tribunal  para el que pasa. 
El degollado sale  al sol y al aire  del murmullo endémico  en la Villa del Caudal  que acaudalada fue,  según cuentan. 

TRANSCURRO.

Transcurre la ciudad  y sus afueras  a lo largo del día  en episodios de nubes.
Se rehace a cada poco  en paleta nueva  colorida de horas  y se transmuta inmóvil. 
Dan los árboles  pasos cortos  y son los edificios  vagones de vía muerta. 
 Transcurro yo,  a este lado,  en tiempo y forma,  silente y emotivo,  apaisajado,  oyente de sonatas,   receptor de los besos. 

AGONÍA DE UNA MARIPOSA.

Se me está muriendo
una mariposa helada,
asfixiada en el polvo
que retienen los muebles viejos.

Las palabras lanzadas
a esputo libre
matan mariposas
a cada poco,
ahogándolas a polvo hablado.

No colecciono
mariposas muertas,
atesoro vuelo
y colorido
en la retina
donde mezclo notas
para musicar poema.

Se me está muriendo
una mariposa huérfana
y yo dejo en sus alas,
cual tributo,
lágrimas de agonía
y beso espirado.

DORMIR.

Dormir un mes,  un año quizá,  sólo lo necesario  para asear la mente  de los posos de rabia  que la obturan. 
Aletargar,  vegetativo  hasta nuevos soles  en los que sólo quede  lo cierto,  malo o bueno  pero evidente. 
Descanso necesario  para el entorno,  siempre colgado  de la incógnita  entre comillas,  presumiendo fortalezas  que a veces pierdo. 
Dormir  como túnel de tiempo.