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Mostrando entradas de mayo, 2012

CONFESIÓN

He pecado, sí lo confieso,
de la carne y hasta del hueso,
con la vida fui jugador.
Probé los humos alegres,
entre muslos calmé las fiebres,
trasegué cisternas de alcohol.
Y cierto es que dañé
tanto como yo amé,
lo grabé en la conciencia.
Pero culpas pagué
pues la errata también
lleva la penitencia.
Y algo de bueno yo hice,
gente hay que hasta lo dice,
mas no merezco el altar.
Conmigo pierde su tiempo,
sé que no soy un ejemplo,
tampoco apóstol del mal.
Así que juzgue usted,
en conciencia también,
si merezco castigo.
Ahora tengo que hacer,
que le vaya muy bien,
aquí tiene un amigo.


CANCIÓN DE FRAGUA

Yo que cometí la imprudencia
de dar metal a tu forja  debo ejercer la conciencia  para que brille tu hoja,  para que temple tu acero  y seas espada leal  sin las mellas que da el miedo  de este vivir anormal.
Que eres luz,
luz viva,
no eres sombra
cautiva.
Eres viento,
eres ala,
y tu vuelo
es mi calma. Porque tú no mereces la carga  de equipaje de anomalía,  de merienda de fruta amarga
que caduca todos los días.
Y quién opte por el abismo,
en monólogo sea la acción,
para los trucos de escapismo
tú no entras en el guión.


DERROTA

Porque sin cantar me quedo
en las horas de los gritos,
de los silencios apalabrados,
no hay quien entone luces.
Este tiempo opaco
de anuncios de aire negro
no nos trae agua
más que la lluvia densa
de arenas de ruina.
Volvemos a la garra,
al anhelo de los caninos,
implorando el rayo
en pos de la hoguera.
Futuro no se escribe,
censurado porvenir.
No hay plaza
donde instalar guillotina
ni patíbulo
para tanto decapitable intangible.
Triunfó lo iderrocable,
por indefinido y disperso.
Sólo su condescendencia
es la esperanza sumisa.

MADRE

Imagen
Desde un extremo
del cordón que nadie corta,
sintiéndome aun gajo
de la fruta generosa,
tengo palabras
que no pagan el débito
contigo,
planeta madre
que diseñó mis órbitas.
Oigo tu voz en la distancia
cantando copla entre cacharros
para espantar la pena
que nos nublaba.
Tu cetro era fregona malpagada,
tu trono mesa camilla a media noche,
tu voz la ley,
no siempre ejecutada.
Desde las canas que me urden,
distancia y tiempo no son nada
pues te siento en mi esqueleto.
A falta de flor te mando verso
que tiene aroma y no marchita.