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Mostrando entradas de agosto, 2011

LA CABINA

Patológica será  la soledad en multitud  que me visita a cada tiempo.  Un frío arropado,  silencio en la algarabía,  calma chicha  en la tormenta perfecta.  Seré palmatoria antigua  en atrezzo contemporáneo.  Sé que hay voces  que me aluden  mientras la sordera escucha nada,  sólo el adagio interno  de esta sinfonía en fuga.  Ni me cortan los mandobles  de quién desprecia manifiesto  ni la caricia aporta luz  a la buhardilla como celda.  En estos días,  en estos ratos,  no habito este planeta  y lo humano me es ajeno,  lo divino nunca fue.  Leve pluma de ánade  fugada de alguna almohada,  sobrevolando lo que ocurre,  o quizá,  más acertado,  José Luis en La Cabina,  clamando hermético,  mortalmente sellado. 

COLORÍN...

Oigo cantar las flores
al paso de los ilusos, .
cual sirenas latentes,
opereta de arlequines.
Reyes desnudos
vistiendo trajes estafados,
desfilan pomposos
sobre la alfombra de la mofa.
Se arrancan páginas
de los códigos al gusto,
a conveniencia temporal
cuando procede.
Resulta ahora que ya hay grises,
todo vale en relativo
y ahora el mundo se equivoca.
Maleable es la conciencia,
dúctil,
sensible a los contextos en molde.
Se traspasan los espejos
y se crece a dosis de hongo,
mientras el gato ríe,
ríe en agria sonrisa
dibujada con mano torpe.

LEVE

Qué extraña carga  portaré en la osamenta  para atraer el rayo,  hasta huérfano de nube.  Qué errático prisma  incrustado en la frente  refracta luz breve  interpolando a gris.  Si fuera leve,  inapreciable,  espectro sutil,  mero contexto,  mejor me iría.

Ya estoy

Ya estoy,
disculpen  la ausencia  o la presencia,  según querencias,  pero vuelvo,  ineludible,  tangible y mensurable  tras la pausa incompleta.  Ocupo mi escaño  en el vano parlamento  de la etérea malla,  enredado,  torpe de inactivo,  odiado y amado,  sentido al cabo,  y desgrano espigas  de palabras harinosas.  Padézcame quien guste  que todo cabe,  ignóreme el común  que también procede.