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Mostrando entradas de mayo, 2015

Dodecasílabos de urgencias.

Cada mañana lavo mis horas negras,
peinando las hebras de recuerdos lacios.
Me visto planchando tiempo y espacio
y salgo leyendo en pasos de cebra
noticias huecas de muerte de paloma.
Me fumo autobuses en el traslado
y tejo los próximos desaguisados,
siempre rematados con punto y coma.
Yá vendrá el pánico por lo tasado,
por los guiones que no escribiría,
plano secuencia siempre eternizado,
quizá es este caos el orden que asumía
en esta condición de desaliñado,
de labios ardientes y la sopa fría.

Copla lorquiana a una gitana que no lo es.

Bajo tu ventana de espuma   pasé una noche de arena,  iba arrastrando cadenas,  prófugo de verde Luna.  Herido por los luceros,  allí me diste cobijo,  me curé en tus entresijos  y fui preso de tu pelo.  Yo que vengo del amargo,  del acero y de la espina,  al doblar aquella esquina  me desangré del letargo  que venía ya de largo,  bebiendo tu medicina.  Ahora estoy libre de cargos,  de tu barca pasajero,  el rufián, el majadero,  que te quiere sin embargo.

AUTORRETRATO

Un tanto desvencijado,  lomo añejo,  casi tasajo,  correoso de cuero rancio  que mal dobla de curtido.  Hosco,  tosco,  tal vez huraño,  mirar fruncido,   espina en los aledaños  y entre las venas suspiros.  Ceñudo,  barbado,  cano y herrumbroso,  de la garganta quebrada  despeñadas palabras rotas,  seda a veces,  las más veces,  lija.  Adicto al epitafio,  alérgico de altares,  poco más  que un contraluz fallido.

Certezas.

Como que el suelo no es,
como que puede faltar,
un día cualquiera,
y el paso será vano,
inocuo,
sin certeza de caída,
pues pudiera ser que,
en ausencia de sustento,
la gravedad sea entelequia.
Como que no estamos,
en ese momento absurdo,
en lo estable que no es.
Como que se cae
lo que no cae
y el abismo es cima y,
siendo nube el mar,
los barcos lanzan rayos
sobre las espumas huecas
de los cielos esbozados.
Como que hablar,
a veces,
sea cavar tumbas de gaviota.

Alborada.

Alborea tu nombre madrugado,  cada mañana alba,  blanca página de cada día,  Alborea tu persona  en nueva jornada,  pues en tí la aurora crece  y desde mi tarde te contemplo.  Mi alborada eres,  mi Diana,  y en tí despierto,  siempre al alba. Al alba de los trinos  y del redoble,  pues soy reo,  y al alba me fusilan  las torpezas.

Me miran.

Me miran,
sé que me miran.
Si miro al cielo,
si al suelo
miro,
me miran.
Si pierdo al frente
la mirada en guía,
me miran.
Si miro,
también miran.
Si mirarte quiero,
sin mirar me ven.

LO QUE LA LUZ OCULTA.

No es sólo la tiniebla,  que la luz también oculta  y se torna máscara lo radiante.  Porque el brillo hiere,  irrevocable y certero,  abriendo llaga luminosa,  blanca de grito.  Cuando la luz es velo,  nupcial o de mortaja,  la blancura solapa  los besos olvidados.  Abrígate de luz helada  para los próximos inviernos. 

GRIAL.

Hay cálices sagrados,  griales sin festejo,  entre adoquines mohosos  de la ciudad plomiza.  Detente, peregrino,  y póstrate ante las historias  de notas de amor rasgadas,  arrepentidas,  de los impagos y las citas,  de los ropajes rotos  de desnudas golosinas,   engullidas por niños caníbales.  Teléfonos obviados  tras prometer llamada,  celofanes viajeros  forjados en Oriente.  Sangre en pañuelo  de Dios ninguno. Y un trozo  del pan nuestro de cada día,  que por diario se aborrece.  Sin templarios en custodia,  altar desierto,  profanado por el vándalo  de madrugar tardío. 


DE LAS PALOMAS URBANAS.

Palomas enfermas  patrullan sombras a destiempo  mientras el sol viejo  hiere resentido  las pieles primaveradas.  Esquizofrénicas aves,  urbanas,  municipales,  dibujan rotonda fresca,  refugio peregrino  del adicto a la nube.  Iracundos pájaros,  borrachos de azul cobalto,  voraces y leprosos  vigías de la migaja,  esperando pacientes  desechos precipitados.

ESTA OPULENCIA PLÁSTICA.

Esta opulencia plástica
de residuos mecánicos.
Los juguetes más apáticos
sobre la acera elástica,
donde pintan la esvástica
retoños automáticos
de ferias numismáticas
y algún salario básico.
Es esdrújulo
 el abandono llano,
el crepúsculo
no puede estar lejano.
No es humano,
mal minúsculo
pero insano.



El mismo día.

Llega el día
y la pausa,
este no avanzar,
el intermedio.
Raro será
que algo acontezca,
salvo el chasquido
periódico
del engranaje.
Lloverá quizá,
quizá respire
el mismo aire
que avinagra.
Vagón inerte,
inerme yo
para abrir brecha.
Llega el día,
el de siempre,
el de todos los días
que me ancla al meridiano.

ROSTRO Y GESTO.

Guardan los rostros fantasmas,  polizones de crucero,  que usurpan la mirada impostora para contar historias  que nunca supieron relatar.  Surcos deja la vivencia  y es erial el rostro yermo,  intenciones hay  nunca cubiertas,  anhelo en el párpado,  sed en la comisura.  Un primer plano  siempre curvo  de carencias,  parábolas,  ecuación e incógnita.  Mírame  o no me mires,  que yo te miro  y te expongo  a la intemperie de luces  que te modelan el gesto,  para que mientas  o no,  para que fluya  lo que te robo.

Estúpido mono erguido.

Decir por decir,
no hablar,
no que se escuche,
que se oiga,
que suene,
resuene,
percusión.
Repetir,
digerible estribillo.
Indigesto al cabo.
Papel de color,
frase de gurú,
receta infalible
para el infame paciente,
pueblo enfermo de nada.
Nada es mejor
que todo,
o que parte
del pastel que,
pudiera ser,
correspondiera.
Chiste de jodienda,
músculo y silicona,
maquillaje nasal
en baños como dispensario,
y la anestesia tribal
de un ritmo soez
de culos dislocados.
Tribu y bandera,
camiseta y equipo,
Dioses y demonios
y tú,
estúpido mono erguido,
que no te das cuenta.