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RAPSODIA EN GRIS.

Escucho música en riada
mientras deshilacho tramas escritas.

Aislado de los visitantes ajenos
por dos auriculares
que forjan campana aislante
de los que saben de todo,
sin demostrarlo
y sin tú pedirlo.

El pasillo se atosiga
de rostros angustiados,
rostros congelados
por dramas de diverso peso.

Hoy retornó,
ahí fuera,
el gris autóctono que,
aunque no lo crean,
filtra serenidad hacia dentro,
espesando los colores
y endulzando los gestos.

Mejor para el degollado
que ese Sol soberbio
que se mofa de los cautiverios.


SINOPSIS.

Imagen
Tras padecer infancia  donde el miedo sonaba  a cerradura intempestiva,  refugiándome en islas  de tesoros inciertos  a letra impresa,  mis labios torpes  supieron del beso. 
La voluta de algún humo prohibido
rizó mi ánimo en los años tempranos. 
A fuerza de luces,  me desnudé de mitos y pánicos sagrados  y nadé en arroyos de piel prójima,  buscando almas,   hastá que desvelé la estafa  de la pasión primate. 
Sé a qué huele  el aliento de la muerte,  que no es más  que el deshilachado cabo  del cordón trenzado. 
Casi nunca gana el bueno  y el placer no es culpable. 
No hay justicia  que por poética se defina  y quien bien te quiere  rara vez te hará llorar.

TENGO DÍAS.

También se me derriten las horas,
también me disuelvo en los espejos
y los sonidos se tornan adhesivos.

Sí tengo días viscosos,
de corto recorrido,
y me estorba lo amable.

Motivos tendría,
quizá,
para pequeñas retiradas,
breves rendiciones estratégicas,
en tanto lo orgánico
no deserte tanto de mis filas.

Sí,
tengo días
de gelatina insípida,
de herido de amor huído,
de versos más tristes esta noche,
de olmo viejo hendido por el rayo.

Sí,
tengo días que también suman.

LUZ ABARATADA.

La luz de la ventana  se abarata al uso  y pinta colores apagados  sobre la ciudad gastada. 
Dentro nada cambia. 
Se vive,  se duele,  se cura,  se muere  y los días pasan  en gotero lento. 
Las fechas se diluyen  en almanaques variables. 
Los libros se agotan  de aportar argumentos  y los auriculares se funden  en listas de reproducción  demenciales. 
Siempre hay  una putada terapéutica  que te duela por curarte. 
Descolgar luego la sonrisa  qué evacúe los fantasmas  pues el lamento envenena.

ALBORADA.

Saludemos la mañana
en este giro de la esfera
y la luz que nos depara
esa estrella magna y fiera.

Que otro día se decanta
por las laderas y cimas,
de alguna cama se levanta
una belleza  y su herida.

Y es que lo bello hiere
y mientras hiere hay vida,
pues la caricia duele
porque se da por perdida.



EL DEGOLLADO. INSTRUCCIONES DE USO.

Puede que se den casos
en que el degollado se muestre
algo indolente, ajeno.
Son secuelas del degüello,
síndrome del muerto inconcluso.

A veces lo verá gritar en mudo,
nada grave,
impotencia verbal
y rabia carnal,
hasta asumir el hecho
de que no toda carne es verbo,
por mucho que el verbo
se hiciera carne.

Dele usted un pasillo
y caminará,
dará los pasos antes ahorrados
peregrinando a ningún sitio.

Invierta en auriculares
pues devora música
cuando se encapsula
e hiberna.

No es peligroso,
algún gesto leve
y cierta ternura
harán del degollado
compañía poco latosa.

SIN ESCUDERO.

Abordo veleros feroces
desde esta cama viajera
y navego tiempos
y espacios moldeados
a sonata pregrabada.

Qué mejor nave
que este planeta convulso
que veloz viaja
al ritmo de la expansión.

A veces me apeo
del vagón forjado
en el delirio
y veo lágrimas
de gente que despide
a pacientes extintos.

Triste es la pérdida,
lo breve y lo leve.

Vuelvo a los arpegios
y levito hacia Corinto,
Bagdad, Ítaca,
y asalto Troya
sin caballo de madera,
en mi rocín maltrecho
con querencia de molino.

Sin escudero
que me modere,
andanzas vivo
y entuertos desfago,
en tanto no me llamen
para la cura.

TERNURA EN APÓSITO.

Flores blancas de voz risueña
revolotean la mañana,
aromatizando los humores
enfermos de tiempo.

Ángeles de a pie
con magia de ternura
en apósito.

Danza y aleteo
de mariposas sonoras
en el pasillo de los silencios,
recomponiendo lo inmediato
con aliento no obligado.

Sin saberlo sois
capítulo en mi biografía.


Un poco de música.

EN ESTA FECHA TRICOLOR.

Se despertaron las sillas de la sala,
desganadas,
estableciendo diálogo
sobre la niebla impertinente
que saludaba tras el cristal lamido
de un ventanal mudo.

El pasillo se dilata huidizo
al paso de los degollados
que caminan hacia sitios imposibles,
mientras les toman medidas
a los parámetros rutinarios.

Hay visitas devastadas,
con ojeras esculpidas
a lágrima de acero,
acompañando cerebros sondados
que deliran infantiles,
sin dar opción a la escapada.

Uno se encierra
entre auriculares,
cobijado del silencio,
viajando sobre páginas
de un pasado cruento,
desertando a ratos
de esta guerra cotidiana.

Fecha tricolor
sobre los santorales,
pasión de pueblo martirizado
sobre mitos inyectados
por el amo de la fusta.

NO SON HORAS.

No son horas
para labrar el día
que, por sí,
de festivo viene.

Dormir más pudiera
más no quisiera,
pues luz nebulosa,
de un Oviedo sumergido
en perezosa nube,
saluda desde la ventana,
impracticable para el vuelo.

Es la vida,
la luz leve
y, en los oídos,
sucesiones sonoras
tejidas para arropar
lo gélido de nuestra levedad.

ENVENENADA SAETA.

Abarrotadas las calles
de fervores en madera,
clavel, incienso y cera,
rancio sudor de costales.

El oprimido va y carga
con mitos artificiales,
delante van los notables,
a los lados fuerza y arma.

Desde el balcón el quejido
se lanza contra el romano,
por no nombrar lo cercano,
sus sonoros apellidos.

Todo está bien ordenado,
todo va "como Dios manda",
paso al ritmo de la banda,
meciendo al pobre condenado.

Así son las tradiciones,
las miserias sublimando,
la injusticia perpetuando
a lomos de las pasiones.




ECCE HOMO.

He aquí el hombre,
por hombres doctos mutilado,
de sus delirios silenciado,
más de segura muerte sustraído.

He aquí lo que resta,
nadie me envía
a vuestro juicio,
la condescendencia piadosa
o la sonrisa que provocan
mis gestos minusválidos,
podéis guardarlas donde la vergüenza.

He aquí lo que soy
y que por poco no era,
restaurado en precario
y aminorado mas,
en verdad os digo
que viviré lo que reste
a día contado.

Aquí estoy,
vivo,
no resurrecto,
hijo del hombre,
de ningún dios deudo.

DESDE EL CERRO.

Desde el cerro os veo,
mínimos y errantes.

Desde mi silencio os oigo,
estridentes y ofensivos.

Desde mi conciencia os sé,
presentes y en tránsito.

Aquí me tengo,
menoscabado,
cruentamente herido,
cabalgando la vida
hacia vuestras praderas.

EN LA MAÑANA AFRUTADA.

En la mañana afrutada
de un jueves gastado
tengo palabras regadas,
palabras en brote
con raíz poco afianzada.

Esta mañana casi ya vivida,
desmadejo las rutinas
e invento viajes
y territorios amables
de insolentes colores
sobre músicas de algodón.

Este jueves madrugado
brindaré gustoso
con paracetamol del año
a la salud de los pacientes,
bienaventurados ellos,
que heredarán momentos.

TODO ES ESPECTÁCULO.

Son recias las nubes hoy,
como de hormigón,
en vuelo bajo
lavando tejados negros.

La ciudad se condensa,
se contrae temerosa
infartando calles.

Hay gente,
gente paseando perros,
perros primogénitos
que heredarán la tierra.

Desde aquí,
donde el tiempo es gelatina,
todo es espectáculo.

EDIFICIO GRIS MARENGO.

Con los bolsillos llenos
de hojas secas de aquel otoño,
entré en el patio de luces
del edificio gris marengo.

Me recibió un anciano
de edad desdibujada y,
amable,
me requirió la orden
de ingreso en lo incierto.

Me condujo a una alcoba
con lecho nevado,
abrió el armario.
espantando a la lechuza
que lo habitaba,
y metí mi hatillo
de palabras hurtadas.

En una nota,
los horarios de lamento
y los de carcajada en falsete.

NO HACÍA FALTA.

No era necesario,
de verdad,
pasar por esto
para dar intensidad
a mi biografía.

No precisaba
sentencia
y provisional indulto
para saberme perecedero.

No hacía falta
llegar a estos extremos,
que uno consciente es
de lo breve,
de la pérdida,
los silencios forzados
y los temores fríos.

Ya que fue,
que el cáliz me fue dado,
seguiremos relato ameno
de tribulación y avatar,
que prueba será
de vida.

TARAREANDO.

Vociferaba y desafinaba
canciones de amor robado,  ahora despierto  y tarareo en mi mente  lo que no proyecta la ausencia. 
Decía verdades  a voz seca,  cuál cornetín de sentencia.  Ahora escribo dudas,  en fuente mediana  sin estridencias.

Y aquí instalado parezco,
en la galería de los degollados,
a la espera de cicatrices
que perezosas se muestran.

Mas vivo soy
y coleando,
y canto en silencio
himnos ateos
a la ciencia del bisturí
y las partículas radiadas.

MI MES DE ABRIL.

Abril irrumpe
en este encierro,
quizá burlón,
quizá al rescate.

Podrá Abril, quizá,
con su ímpetu floral
cerrar la encarnadura
que me retiene.

Será Abril,
hasta hace poco incierto,
quien de fe
de una nueva primavera
recién planchada.

Abril me besa
con ternura de abeja
y en una lágrima me entrega
la miel del mundo.

Mi mes de Abril
no fue robado,
casi se extravia
pero retornó de pleno.

DISPONGO.

Llegados a este punto,
decreto mañanas bellas
de luz dorada adhesiva.

Las miradas melosas,
las palabras frescas
de savia cítrica,
las caricias de tul
y color profundo.

Dispongo que los días
duren a capricho,
lo justo y necesario
que precisen los sucesos dulces
para consumarse.

Llegados a este punto,
en esta coyuntura,
vivir será amable,
lo templado,
la flor abierta
y la música limpia
oreada al sol temprano.

Y YO SIN TRICICLO.

Ajeno a la fonética,
me hablan de partículas
para bombardear mi gañote,
de desiertos epiteliales
y colaterales daños,
siempre pasajeros,
del ataque preventivo
sobre la zona de exclusión.

Ajeno a la fonética,
dado que todo mi tiempo
es ya debido,
me nombran plazos,
pautas y normas,
mientras el pasillo se dilata,
como el de aquel hotel
en "El resplandor".

Y yo sin triciclo.

ESCLAVO DEL OPTIMISMO.

Despierto descansado,
de pensamiento positivo henchido,  sonriente el ademán concienciado,  los avatares asumidos,  bailo por los pasillos,  guiño a las enfermeras,  al enfermo le doy brillo,  que es que todo se supera. 
Y en la mueca de buen rollo,  se esconden sombras grises,  diluvian frases de apoyo  de color con mil matices  y adelante avanzamos  mas no todo es fanfarria,  no nos desolamos  pero hay segundos de falla,  esclavos del optimismo,  que ayuda pero agota,  sin caer en la derrota  ni rehén del pesimismo. 
Ni lágrimas quejumbrosas,  ni piruetas de algarabía,  sobreactuar no es la vía  ni éste jardín es de rosas.


RETORNO A LO PAUSADO.

Amanece lunes
tras un domingo
de hora forzada.

Lunes de tránsito,
quizá,
retorno a lo pausado
con heridas sin derrota.


EXTRACTO.

A cambiarme las piezas, me enseñaron,
a tenerme en buen mantenimiento,
para que encare el renacimiento,
como un buen mutante aventajado.

La ventaja está en que tengo vida,
a ello ayudarán las radiaciones,
guerra nuclear en proporciones
que el Estado Mayor a bien decida.

Entre tanto el silencio será norma,
porque tiempo habrá para palabras
aprender a callar también te labra,
y ya habrá charla en buena forma.

Reconstruir este esqueleto,
que adquirió yá triste figura,
a un paso corto de la sepultura,
hay que encarnarlo con alimento.

En justicia debo agradecer
el apoyo que tuve en el trayecto,
las visitas, guiños, los afectos,
que me dan motivos para ser.

CÁLIZ IRRENUNCIABLE.

Devolví el billete de vuelta,
sigo viaje por esta estancia
sin prisa alguna por el retorno
a la nada de la que vine.

Sigo aquí, en silencio,
mudo y discreto,
casi furtivo,
como los resucitados
que nunca hubo.

Siento los afectos
como pétalos rizados
que me embellecen,
aún mutilado,
con sedas y aromas
de flor sincera.

El aire tiene mejor sabor,
la música colorea los días
y la belleza es cáliz
irrenunciable.

MADRUGANDO EN VIERNES.

Madrugaremos en viernes,
de buen talante.
Asearemos el esqueleto
en menoscabo y daremos lustre
a lo que cubre la calavera.
Algún aroma,
menos antiséptico,
endulzará la presencia leve
en los pasillos,
cual si fueran alamedas.
Músicas surtidas
en las orejas entumecidas
por el degüello,
paseos presidiarios
y lecturas
entre visitas.
Aquí me tengo
y os tengo,
también en viernes,
se os quiere
desde este cerro,
del que se bajará
triunfante.

DORADA VETUSTA.

A primeras horas,
entre goteros,
Vetusta se dora
entre borrascas piadosas,
nada cruentas.

En el pasillo del degüello,
poca novedad,
altas, bajas,
degollados perennes
y habituales del quirófano,
hechos a la batalla
anual
contra lo que les mina.

Oviedo nos tiene aquí,
como en pedestal,
para que no olvidemos
la ciudad donde luchamos.

GRISÁCEO DÍA.

Grisáceo el día
estrenando primavera.
Paraguas anónimos
me saludan y yo respondo,
desde el ventanal de la octava,
arqueando las cejas.
Gris, el pavimento,
pero destella,
brilla ufano,
húmedo de porvenires.

DOMINICAL.

Dominical despierto,
festivo sólo lo justo,
nada litúrgico
y padre,
por esencia y día.

Entre notas
de jazz, me desperezo,
Radio 3 veló la noche
de corriente alterna
e iniciamos rutina
física y química,
por aquello de la permanencia.

Oviedo nada en niebla,
lustrando las gárgolas,
y en este cerro
trenzamos los días.

SONETO RETADO Y DEGOLLADO.

Una semana pasó del degüello,
ese que me mantiene aquí vivo,
algo silencioso aunque receptivo,
pues con el tajo me vino resuello.

De los miedos no voy a ser cautivo,
yá los pasé antes de entrar al lance,
que el desaliento nunca me dé alcance,
es como vino y nunca es optativo.

Este soneto me lo encargó Ferrán.
Ahí le dejo respuesta de su reto,
y de su agrado, si ha de ser, será.

Si no lo es también se lo respeto,
más lo que paga no da "pa" mucho más
y, parecerse, parece soneto.

816

Celda ochocientos dieciséis,
galería de los degollados,
mal caídos y trepanados,
gente decente, de buena ley.

Unos con habla confundida,
otros fundidos y sin habla,
los silencios nos delatan,
lo perdido nos da vida.

Desde la altura divisamos
ciudad antigua y moderna,
gente sana, gente enferma,
figuras  que apaisajamos.

Nos visita gente noble
con la que.no me hablo ahora,
es que no hablo, señora,
y se incomoda, la pobre.

En la ochocientos dieciséis,
galería de los degollados,
escalafón voy avanzando,
y pronto libre me veréis.

Y todo gracias al que estudia,
al que crea conocimiento,
ciencia y razonamiento,
sin oraciones ni curias.



CANTES DEL POETA DEGOLLADO.

Tanto vivir al filo,
rebanando el otro lado,
que te pasaste de maldito
a  poeta degollado.

A ver quién te supera
esa pose legionaria,
mutilada y canastera,
trágica y procesionaria.

Y habrá hasta quién lo dude,
que escribiste tu guión,
para que todo ayude
a que el Filo sea filón.

Pero la vida es tuya,
viva imagen del degüello,
y mientras la vida fluya,
cicatrices "pa" tu cuello.


DISCULPEN.

Disculpen esta levedad,
ahora que ni sombra soy,
ni relleno de ropa,
casi un suspiro.
Por fin aclararemos algo
en la primera fase,
pues si no se actúa,
como que no me veo.
Disculpen desconsideración,
mas no pude atenderles.
Hay quien de mi tira
y yo me agarro,
entregado a los bisturíes,
donde encomiendo
lo que de mi osamenta queda.
Volveré a tenerles presentes,
pero es que me despisto,
me disperso en otras consideraciones.
Disculpen.

DIÁLOGOS CON EL ALIEN.

Sabiéndote ahí, tú que me matas,
tan mío como ajeno, puñetero,
que adivino la forma de tus patas
escarbando laboriosas en mi cuello,
que te da cobijo  y te alimenta
con jugo puro de la pura vida,
que vivida está mas no perdida,
en tanto en unos días darás cuenta
llevándote en botín la mi palabra.

Mas morirás, tú que en mí te ensañas,
y yo seré aquél que huerto labra
abonándolo con restos de tu entraña
para recoger fruto de aire nuevo,
pues yo seguiré aquí de guardia,
que pronto es para el relevo,
despojado ya de ésta, tu infamia.

Yo te encarné, yo te destruyo,
a la ciencia yo encomiendo la tarea,
esta barca encarará nuevas mareas,
su horizonte no coincide con el tuyo.









DIARIO DE A BORDE X.

Cerradas las fechas,
semana de paréntesis
antes de las resoluciones,
todas provisionales,
cual provisionales son
todos los días.

El viernes que vendrá
se inicia nueva temporada,
sustanciales novedades
en personaje y trama,
escenarios nuevos
y diálogos imposibles.

Permanezcan atentos
a sus pantallas abiertas.

EL HOMBRE DE CENTENO.

Los psiquiatras se drogan
en la ciudad fantasma,
donde los ángeles anidan
en chimeneas abandonadas,
al acecho de palomas tísicas.

El hombre de centeno,
sentado junto a una fuente
de vocación milagrera,
merienda poemas agrios
con infusión de flor seca.

La niña de ojos de daga
se le acerca ceremoniosa
y le entrega una mariposa exhausta.

"Ella también volaba",
le dice mientras se va saltando,
perdiéndose entre los hijos
de los borrachos dominicales.


MARTES DE CARNAVAL.

Imagen
Tengo recogidos los afectos,
ordenados sin clasificar,
mientras el móvil se estremece
de emociones subrogadas.

Se entierra la sardina
en mi barrio de redobles
y yo aquí,
al borde de la máscara,
evocando los disparos
sobre rostros de acuarela
de otro año,
en que la cámara ávida
engullía comparsas.

Martes de Carnaval,
mutante colorido
en la memoria bordada.

JOVELLANOS

Bailan valses enloquecidos
los niños más despistados
mientras los patinetes se apilan
junto a un columpio desvencijado.

Las palomas ejercen agresiva mendicidad
entre las terrazas de las solariegas familias
de mostos blancos en copa.

Los taxis inmaculados asumen
las esperas penitenciales.

Las hojas del magnolio murmuran
los ecos jubilados.

El sol agrede a demanda
las pieles más avariciosas.

En el Jovellanos se dispersa
un Mieres reiterado
mientras paso sin mirar,
eludiendo saludos obligados
y preguntas sin respuesta acertada.

UN HUECO.

Vi en el tiempo un hueco,
me colé,
no era una huída,
era una entrada falsa
a algún local prohibido.

Las caras eran de celofán
y las voces de engrudo.
Una trompeta herida
lloraba en el altavoz.

RESUMEN.

Realezas sentenciadas,
búsquedas subacuáticas
de cadáveres de anhelo,
corruptelas nuevas
siempre antiguas,
camiones de butano
enloquecidos,
refugiados que no lo son,
bombardeos que lo son,
presidentes inventando sucesos
y dándolos por sentado,
violencias domésticas,
futbolísticas violencias,
violencias machistas,
machismos, micromachismos,
microviolentos, violentos,
perros amores
y cantores canallas.
Inventario del día,
sujeto a revisión.

DIARIO DE A BORDE IX.

Mañana ultimar detalles para la obra,
comprobar lo que falta y lo que sobra,  me recalifican,
sobre este solar ya no se edifica.

La verdad es que me coge a desamano,
el que te den cartilla de mutilado,
con este postín,
tenía yo un guión con otro fin.

Pero este bicho incomoda,
habrá que darle batalla,
que del todo no me joda,
aunque mi trinar se vaya.
Será mejor ser un grajo,
saltando campo a través,
que un jilguero ya debajo
de la tierra que piséis.



PALABRERÍA DE PADRE.

Hoy te escribo palabras sobre el futuro,
que no lo empañe nadie que es sólo tuyo,
que tu mañana
sólo tú lo dibujes en la ventana.

En esta estancia corta todo es regalo,
momentos luminosos, otros muy malos.
Así es la vida,
ni justicias ni karmas tienen cabida.

Camina con firme paso,
procura hacer siempre bien,
levántate en los fracasos
con la reforzada piel
que se curte en la caída
para avanzar otra vez,
que se nutre de la vida
que se crece al aprender.

Da cariño a la gente que a ti te quiere,
a la que te odie, ni caso, tiempo se pierde,
malo es odiar,
siempre envenena más que el ignorar.

Que nunca nadie diga que a ti te tiene,
mejor sola que objeto que se retiene,
ave indomable,
ninguna jaula de oro será habitable.

DIARIO DE A BORDE VIII

En espera,  del aire faltante  que el pecho reclama,  de la obra en derribo  que extermine la araña  que apresó mi voz  en su maraña homicida.  Espera del cráter  y el silencio,  de la vida que reste  o que sume en el balance. En espera en dentista  para al menos tener sonrisa  con que conjurar los avatares. 

COPLAS TUMORALES

Como soy agrio de propio,
poco tengo de cascabel,
en este trayecto cruel
de buen humor hago acopio.

De la muerte me reiré,
de los dolores posibles,
esta escalera impasible
sonriendo la subiré.

Que quien me quiere bromee,
que quien me odia se joda,
que todos los días sean boda,
que el miedo no halle cuartel.

Y si me suena la hora,
que me droguen a granel,
que corra el vino en tonel
y se cante a voz tenora.

Alergia a las oraciones,
sotanas y similares,
recuérdenme en los bares
entre cañas y canciones.

Mas que nadie se haga idea
de que tengo prisa alguna
por ir a la orilla oscura
sin haber dado pelea.

Si me ven no pongan caras,
la sonrisa se agradece,
una broma nunca escuece
y los ánimos repara.


TENGO TODO.

Son los minutos tesoro
y el aire breve es caudal.

La calle un museo,
la casa un templo
y la gente es agua
de estanque.

Las palabras destellan
brillos de galaxia lejana
en el móvil imprescindible.

Tengo todo,
nada se me olvida,
al parecer,
y miro las torres
de las ciudades visitadas.

DIARIO DE A BORDE VII

También son días para burocracias,
pues conviene ejercer cambio de estado,  tres veces lo he alterado  el tiempo que me ha dado. 
No es vicio este afán escriturista,  pero procede asentar las evidencias,  pues hubo convivencia,  ahora viene penitencia  de horas de hospital, sala de espera,  velando el sueño a este carcamal
que nunca fue normal,
ni siquiera al enfermar.

Nuevo carnet, misma identidad,
a la tarde sofá y pelis repuestas,
preguntas sin respuestas,
una práctica al violín.





FIN DE CONTRATO.

Hora llegó de la entrega
de la espada y de las armaduras,
el azul que tiñó mi andadura
y la placa madura
que brillaba en estrella,
son ya historia
que no retornará.
Pena y gloria,
atestado final.

Allá quedan los jirones
de mi piel por algún asfalto,
el crujir de una puerta al asalto,
un suicida, algún parto,
la rabia en funeral.
La verdad, tampoco estuvo mal,
hasta ahora lo pude contar.

Y pude ser policía,
creo que lo hice bien a mi forma,
primero la gente que la norma,
evitar la deshonra
de un azul de servir.
Mis errores también cometí,
los pagué con el todo que dí.










DIARIO DE A BORDE VI.

Tanto abusé del don de la palabra
que me brotó un rosal en la laringe,
la voz me descalabra,
huerto de muerte labra
una asesina esfinge.

Habrá que proceder al desalojo
desahuciando de urgencia la garganta,
lo que contiene espanta,
chirría lo que canta.

Nunca creí en agüero y mal de ojo,
se ceban los azares en mi ser,
lo vivido también tuvo que ver,
lo fumado también quema rastrojo.

Voz pierdo pero no el voto,
y voto a bríos y a todos los infiernos,
que aún me aguantáis varios inviernos,
en silencio pero devoto
a la vida que me quede por vivir,
a la gente que aún me quiere bien,
a los versos que se forjan en mi sien,
a las bromas que aún nos quedan por reír.





Tengo que hacer.

Tengo que hacer,
que hacer tengo,
mucho,
poco,
o nada más.
o no.

Y sí,
él miedo está,
aunque no debiera
porque absurdo es
temer lo prorrogable.

Mas el miedo no nubla,
fuerza me dio siempre
para el avance.

Tengo que hacer,
quizá dormir un rato,
mañana te cuento,
a ti,
que ahí estás.

DIARIO DE A BORDE V.

En estas que hoy me viene Madre,
la que no gana yá para disgustos,
a cada poco un susto,
un roto, un descalabre.

Habrá pues domingo familiar,
paseo, cañas y algo de pitanza,
café con añoranzas
y hora de marchar.

Mas de sorpresa aquella que pasó
por calvarios al filo del abismo,
heróica de optimismo,
mi gran motivación.

Mañana se abrirán los escrutinios,
todos los votos, todos los designios,
abriendo opciones,
primando las razones
para seguir jodiendo de continuo.




DIARIO DE A BORDE IV.

Lavé mi rostro con incertidumbre
aclarada con aguas de papel,
luego endulcé el café
con gotas de costumbre.

Un sábado en vitrina de cristal,
salido de una sala reformada,
las horas aplazadas
en nueva terminal.

Cancelo vuelos a todo lo posible,
que divagar no ayuda a razonar,
y prefiero transitar
descalzo y sin fusibles.

Supongo que en la calle pasa gente,
gente de a diario en la corriente
de un río de acera,
soñando con praderas,
gente que siempre niega cuando asiente.

Aquí me tienen, soy lo conocido,
ahora ya pesa más lo recorrido,
y erupto versos
en el diario perverso
del adicto a todo fruto prohibido.





DIARIO DE A BORDE III.

Amanece viernes como está mandado,  no ha habido sobresaltos temporales.  Los titulares ni me han inmutado,  mientras sobrevuelo redes sociales. 
Puede ser buen día para el estropajo,  tras el cuarto café es procedente,  son épicos también estos trabajos  domésticos de la gente corriente. 
Pienso en una música apropiada,  una banda sonora para esta historia  de vajillas y lozas secuestradas,  y que realce al cabo la Victoria. 
Y como gozo hoy de autonomía,  la majestad del hombre de la casa,  afrontaré también gastronomía,  hoy me pillan con manos en la masa. 
Qué le importará esto a usted,  su razón tiene también,  soy un chalado. 
Como dije, es por joder,  aunque tenga que ser  en figurado.

DIARIO DE A BORDE II.

Supe que llegaría aquella carta,
este juglar sí tiene quien le escriba,
confieso que hubo nudo en la garganta,
más no será San Pedro quién bendiga.

Lavo mi cara en calle y aire nuevo,
añado rostros a la biografía,
al hombro ya  la cámara me cuelgo,
la entraña me pidió fotografía.

Cazo momentos en datos binarios,
irrepetibles en este espacio-tiempo,
será el botín de este torpe corsario
que escora hacia estribor a barlovento.

Serán molinos o serán gigantes,
los que se cruzan en toda andadura.
Qué más dará si al fin es sólo carne
aquello que protege la armadura.

Caballero, rufián, mal escudero,
impostor de la rima y de la prosa,
sin paraguas en todo el aguacero,
la espina más traidora de la rosa.

Me perdonen la idiotez,
desvelado otra vez
de madrugada.

Habrá que hacerse un café,
y dejar ya de joder
tan de mañana.



DIARIO DE A BORDE.

Hoy me despierto y prendo las noticias.
No dicen nada de la última epidemia,
esa que extingue yá toda caricia
y llena el aire de odios y miserias.

Con el café políticos corruptos,
un bombardeo, un acto terrorista,
pido perdón pues me viene el erupto
viendo en La Casa Blanca a un contratista.

Recuerdo que tomé los comprimidos,
los que contienen eso que me mata,
en la pantalla un joven deprimido,
adicto a un "smartphone" de gama alta.

Vivir puede ser soñar,
no lo voy a negar,
que yá está hablado.

Este afán de madrugar
en nada me va ayudar
sin ti a mi lado.

Y en Mieres quiere llover,
y yo quisiera joder
por hacer algo.




CANCIÓN BURLADA.

Dicen que el viento asesina
las palabras de cristal,
su pureza contamina
con lo que arrastra de sal
de las entrañas marinas.
de las espumas de azar
y la conciencia
sufre violencia
de la cruda verdad.

Yo me bañé en emociones,
me despojé del pudor,
el que exigen las razones
para ocultar el sudor
que se sangra en las canciones
cuando se pierde la voz.
Pero se suda
y el sol no ayuda
y quedará el hedor.

Si se sublima lo humano
camuflando al animal,
con un pincel artesano
y tintes de mineral,
la garra se vuelve mano
pero insiste en arañar.
Manda la fiera
en la quimera
y no se puede impostar.

Quise dejar evidencia
de mi estancia en el lugar
del delito de existencia,
una huella del pulgar.
Debo pagar penitencia
por mi torpeza vulgar,
soberbia impertinencia
que ahora me hace purgar.
Cumplo condena,
no tengáis pena,
es lo que trae el hurgar.


COPLAS DEL DESVELO.

Al cambio de la luna le ha sorprendido
una luna extraviada de amor herido,
luna morada,
dicen que se ha perdido
de enamorada.

El arco de tu puerta es de herradura,
el de la mía ojiva que va a la altura,
Dioses y arcos,
maldita  arquitectura
de amor amargo.

Cantares de aves de paso,
de puerto y de timonel,
de glorias y de fracasos,
de otro destino cruel.

Cantar de la flor de un día
que yo cortara una vez,
cantar de la escarcha fría
en que se tornó tu piel.

Dicen que ya no es tiempo de los milagros,
que hasta los dioses sufren el descalabro
y que era mentira,
leyendas en retablo
que al Cielo miran.

Las nieves de los picos no son eternas,
ni es eterna la furia de la galerna,
penas y glorias
son eco que resuena
por la memoria.


















DOMINGO TEMPORAL.

Canciones de flores abiertas,
aves perdidas en el viento
de un domingo temporal.

Palabras de algodón amigo
y piel cercana en lo que surge.

Relojes olvidados
como caracoles en la hoja
de una planta verde mar.

Barajas marcadas
sobrevolando la tarde.

Rostros,
infinidad de rostros
y alguna mano.

Tregua de agua
lloviznada,
luz de aliento
y camino por hacer.



TANTO GRITO.

Tanto grito,
tanto verso extemporáneo,
tanto humo de palabra,
constelaron estrella
en la garganta
de la rabia mal tragada
y el silencio del eclipse.

Un universo nuevo
al que plantar guerra
de galaxias no enojadas.

Partículas y átomos
en rebeldía,
las físicas y químicas
y lo más simple,
lo esencial,
eso que somos,
caos de lo mínimo
que no entiende de lo máximo.



YA QUE PASA EL RÍO.

Pues ya que pasa el río
por el arenal que habitaba,
os diré que no hace frío,
aunque blanquee la helada
las hojas del sauce que no llora
y del asombro hace sombra,
la palabra que no nombra
sin preguntar ya la hora.

Ese pez que se demora
en el silencio de los pozos,
burla anzuelos que atesora
recreándose en el gozo
de robarle al pescador
el cebo más asesino
y es el agua su camino,
su destino y su labor.

Pues ya que soy orilla,
frontera en los andenes,
etiquetaré los trenes
e incendiaré la capilla
y su consigna de mitos,
boicoteando todo el rito
con que se forja la astilla.

Y ahora que soy pausa
abandono el aposento
sin atender a la causa,
ahora vuelvo, ahora me ausento.

Cangrejo.

Y tenia que llegar el cangrejo
a esta playa devastada.

A este depósito de arenas viejas,
que se creían impunes
a las plagas tan corrientes.

Pero no,
hay que excavar los castillos,
limpiar las mazmorras
de tanta palabra encarcelada,
y hacer del silencio hábito
por mor del estar,
no se sabe dónde.

ADELANTO.

Lo recorrido me adelanta,
ahora, que voy frenando,
en el momento preciso
que mi garganta no canta
y pronuncia derrapando
por el asfalto más liso.

Y, a finales de enero,
febrero ya me he fumado,
abriendo marzo a destiempo.

En el bisturí me reitero
con el destino acuñado
en falso de desaliento.

En el parque, las palomas
ya no me hacen reproches,
dándome por descontado.

Escribo y abuso en comas,
de la pausa hago derroche,
que el punto venga atrasado.


Alguien tenía que hacerlo.

Bien hubiera querido
hacer épica en las letras,
desgranar arte
en luces de paz libre.

Bien hubiera querido
amansar jaurías
con la palabra certera,
sin sermón de montaña
mas con razón limpia.

Bien hubiera querido
ser libertador en las leyes,
en los derechos juglar,
andante caballero,
destartalado y justo.

No fue así,
en cambio;
mientras otros
batallaban la octavilla,
la pancarta impoluta;
alguna vez,
forastero,
tuve que ser
quien disparó
a Liberty Valance.


HOY LUNES, NO SÉ.

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Hoy lunes, no sé.
Hago inventario de dolencias, recuento extraordinario por excedentes en almacén.
Hay fatiga, fatiga de losa y ascua en la garganta.
Varias horas sin ahumar mis palabras casi mudas, de afonía siciliana de patriarca jubilado.
Otro intento de abandonar las volutas que acuchillan mi laringe.
Hoy lunes, no sé, como si pesara, como precisando un vuelo de ángel que me extraiga de esta ciénaga, que me absuelva de testigo de ésto, a lo que asisto.
Hoy lunes, no sé, seré deriva en corriente de río, a remo inerte, esperando encallar en martes, no sé, o bien al delta de desembocadura en el cierto océano.

Como dijo el profeta. 

Os hablarán hombres 
 de anaranjada tez 
 con discurso de versículo. 

 Gobernarán los zafios, 
 tintados en oro 
 de becerros falsos. 

 Portarán corona 
 los sátiros 
 y el Olimpo será fauna. 

 Poco pan 
 y mucho circo, 
 burdo y proxeneta. 

 Ataviados de bandera, 
 os prometerán glorias 
 a los humildes y decentes, 
 en bienaventuranzas 
 de sencillo aprendizaje.

 Saciaréis vuestra sed 
 de aguas nuevas 
 en fuentes de oropel 
 y labraréis su tierra 
 con la cabeza alta 
 y la rodilla hincada. 

 Todo será más sencillo,
  para qué preguntaros nada
 si el simple no sufre
 y siempre es bienaventurado.

La luz inerme. 

Mañanas de sabor a yeso,
 en la tele crónicas  de desaparecidos, 
 alarde de teorías 
 de morbosos desenlaces y,
en la calle, 
 la helada, 
 aire inmigrado 
 de un polo que se funde,
 vulnerando nuestra templanza. 

 Otro día que no transcurre
 en este invierno anunciado. 

 En el móvil, 
 un vídeo vertical 
 encarcela alguna crueldad 
 generosamente compartida.

  La luz está 
 pero no desvela nada.

ALGUNA TARDE.

En el día se recuentan  las bombillas fundidas  que envasan aire ausente. 
En la noche se sueña muerte  en almohada de mortaja,  manchada de extertores. 
En la tarde hay olvido  en fruta fresca,  recuerdos exprimidos  a inventario diario,  y las cuentas  siguen sin cuadrar  ningún balance posible. 
Llueve oscureciendo  y el tobogán se abre  para el descenso  y el vértigo asumido. 
En la silla levita  un violín cautivo,  mientras el arco duerme,  indolente al roce en grito.

McMenú.

Se abomba hacia dentro la alambrada
dándonos niños en carne picada,
para menús infantiles de cumpleaños
en centro comercial,
con descuento por grupos
y ludoteca monitorizada.

A veces nos llega la metralla
y con ella forjamos alambre,
catenaria
y hormigón armado a doble capa.

La vida sigue,
tras los sobresaltos,
y celebramos cumpleaños
de carne picada,
ajenos a la alambrada,
a la metralla,
en ludoteca por cable,
de banda ancha.


LÁNGUIDO FINAL.

Se marchita el espumillón
mientras la flor de pascua desentona.

Las luces son vidrio muerto
y el gris retorna a la realidad.

Ya hay cadáveres
de juguete efímero
por los contenedores empachados.

Se oyen suspiros
de abetos supervivientes
y las estrellas desisten
de aspirar a cometa.

Nos saludamos al cruce,
mas la sonrisa no es tan osada.

ORNITORRINCO.

Se reivindica el ornitorrinco
en su chocante rareza,
siendo con más fuerza
lo que provoca desconcierto.

Único y mixto,
primo y conjugado,
se contonea en alarde
de lo estrambótico.

Mutad el gesto,
mostrad rechazo
a la diferencia
que él,
el ornitorrinco,
sí se sabe en su naturaleza.

CATORCE.

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Pues resulta que, neonato el diecisiete, en catorce te pones.
Catorce como dos veces siete, niña multiplicada por dos vidas de infancia, directa a lo intenso, a lo agridulce que moldea.
Catorce como frontera, capítulo de nudo que será pauta del desenlace.
Catorce de carga sobre mis edades sin vuelta.
Catorce como pleno de apuesta por los desempates con los azares adversos.
Catorce en el tiempo, en la órbita que se expande alrededor de este cincuenta y uno, y uno que mira, que mira el catorce resultante de aquella suma de números impares.

UNO DE ENERO.

En el salón desordenado
suena Strauss,
uno de ellos.

Dudamel brinca
entre notas sin pentagrama.

Viena me recuerda
lo que es Europa.

La resaca más sincera
me dice que lo de "joven"
es una mentira piadosa.

Bajo la ducha primera
rasuro mis blancas barbas
y miro el año desde el vaho.

Habrá que echarse a la calle,
cruzarse con los miembros
de esta tribu,
a la que no saben que pertenecen.