Entradas

Mostrando entradas de enero, 2015

Al Sur del día.

Al sur del día,
donde anida la idea,
hay sol rasante
que templa la palabra.
Al norte despiertas
forjando posibilidades
que, sólo al sur,
son consumadas
o huyen
de tu azaroso hacer.
Al sur del día
nunca es tarde
y el tiempo se carameliza,
dorando el instante
en que reparas
en que estás.
Al sur del día
también llueve,
casi a oscuras,
la humedad te reclama.

SUELO AMARTE.

Suelo amarte en los descansillos de esta tozuda escalera  que a la rodilla vence.  Así, en parada feroz  sobre un pasamanos cautivo.  Suelo amarte en los recreos  de este curso repetido,  fumando a escondidas  entre jadeos.  Suelo amarte en las corvas,  sediento de los pliegues,  en prospección agresiva  de los óleos que me ungen.  Suelo amarte entre tiempos,  en la pausa,  en intermedio lento  tras el aria principal  más melancólica,  afinando el cello  en los tonos roncos.  Suelo amarte a contratiempo,  a tempestad de furia,  a intemperie brava,  a estridente foco cenital  de Segismundo,  viviendo sueño,  soñando vida.

El río.

Reconocido el río
que muere salino,
espumado en la cópula
con lo inmenso
de horizonte tallado,
océana sepultura
de las orillas visitadas,
los juncos violentados
y la preñez de peces.
Arrastrando sedimentos
de cuerpos lavados
en lujuriosa frescura,
sangre injusta y secreta,
desperdicios de suceso,
tiene el río páginas húmedas
de breve historia.
El río lleva
mas nunca trae.

CARTAS DESDE LAS ISLAS.

Mandan cartas desde las islas  perdidas entre mareas,  pidiendo razón de continente.  Que todos somos unos con pretensión de algunos,  vocación de ladrillo en muro,  no suelto ni arrojadizo.  Mas clasificarse,  reacio al etiquetado,  suele traer conflicto  con la mente libre  que escapa de los códigos literales,  catecismos fieles  a doctrinas pardas.  Y te darán colores  sobre épicas partituras  que acotan la frontera,  y una fe al uso  que oponer a la duda.  Mandan cartas desde las islas,  ansiosas de hectárea y recorrido,  reclamando ancla  para la libre deriva.  Temerosas de ser nimias  en Universo expandido,  quieren grandeza y boato,  saberse parte,  no partícula.  Creer quieren,  pensar niegan,  al acomodo aspiran.

Domingo de plaza.

Es mañana de domingo
y en el templo no me esperan,
ya ocuparon las aceras
los puestos del mercadillo
y entre sus lonas, hoy frías,
desfile de pompa y galas,
corbatas y americanas,
carmines y pedrería.
Otra paseo, otra vuelta
al circuito de apariencia,
saludo con complacencia
al que tus miserias cuenta.
Homenaje al tibio sol
mientras que llega el momento
del vermut tomando asiento
o de pie luces mejor.
Qué es de tu vida María,
¿Cómo se encuentra tu madre?
Pues ya descansó, compadre,
mañana va hacer diez días.
Lo siento, no sabía nada,
¿y dónde tienes al marido?.
Lo tiene tu prima hermana
hace meses de querido.

España negra.

Ensordecedor es el trino
del jilguero psicótico
que anida en los rincones
de la casa del arriero.
El arriero que transporta
retales de concha y agua
para los pueblos ciegos
de nieve pasteurizada
en la ambulante misa
del cura desencantado.
El cura que perdió
la fe por los portales
y en somieres desnudos
donde absuelve a la viuda.
La viuda que no fue
casi esposa del difunto
y varea, al aire altivo,
el colchón de sus virtudes.
Virtudes de pedrería,
del rosario más ajado,
de negadas fiebres
de torpe consuelo,
siempre culpable.

Somos, a veces.

A veces somos
lo que otros dicen,
lo que otros ven,
reflejo de luz cruzada
en pantalla plana.
A veces somos
pretensión,
un terno ajustado
a formas en boceto.
A veces somos,
solos en taller,
la fallida arcilla en el torno
de un alfarero ciego.
A veces somos hueco
en la vasija quebradiza,
anhelo de fuente,
un afán desenfocado.

Velatorio.

Cosa curiosa es la muerte
por nada ser,
mas entidad damos
al irreversible paso
al no estar,
sustantividad se otorga
al predicado definitivo.
Rito a la memoria
ante el inerte envase,
ya vacío,
de los recuerdos amables.
Despedida de ya nada,
asunción de la ausencia,
pérdida en el contexto.

Firma al pie.

Casi un siglo
es mucha vida,
mucho andar,
mucho perder.
Memoria extensa
de guerras huecas,
errónea al final,
pero guardada.
El fin en apagado,
tenue fundido,
huye el aire
y se firma al pie.

Día ajeno.

Era un día plagiado,
a otra vida sustraído,
un reflejo de tiempo ajeno
incoherente a la biografía.
Días fuera de fecha,
caducados a la mañana,
día improbable
pero siempre repetido.
Día muerto,
cruz de almanaque.

TU FE.

Tu fe me enerva,
tu fe me ofende,
me estremece esa cúpula
que acota el entendimiento,
esa asunción de lo irreal
que te imprimieron de infancia,
cuando la maravilla está en lo cierto,
en lo conocido
y en lo por conocer.
Soberbia
de no asumirse orgánico,
perecedero,
átomo en la inmensidad.
Dioses crueles,
genocidas,
pueblos elegidos,
prometidas tierras
que usurpar a sangre y fuego,
negar la idea y la razón
para afirmar leyendas.
Tu fe me niega,
me niega en tanto pienso,
en tanto aprendo,
será que soy yo
el que no es.


MIEDO.

Yo también tiemblo
por estampido de bala,
el miedo no es libre
pues libertad sustrae,
pero temer no es pretexto
para la ceguera,
para la mudez más sorda
ante la vileza de los rebaños.
Y temiéndote te digo
que la razón te obvia.
Cuando la sangre es la palabra,
la muerte injusta te amordaza.
Tu fe sólo te ayuda
a despojarte de lo humano,
así, bestia desnuda de la idea,
discurso en mordedura
que ahuyenta,
sólo un instante,
la derrota cierta
a manos de voces libres.
El tiempo fluye
en contra de tus frenos,
el hombre mejora
y no habrá lugar para tus templos.
Ora si te place
pero no me acalles que,
aun temiendo tu delirio,
la palabra ejerceré a bocajarro.

Concertado

Concertado,
quisiera estar concertado,
cumplir con lo acordado,
acomodado,
en cierto concierto
con lo estipulado,
lo convenido,
convencionalmente asistido
por el más común de los sentidos.
Integrado,
socialmente aceptado,
socializado,
distribuído,
equitativamente adjudicado,
a tu raíz adherido.
Asumido,
como sumando admitido
por tu cálculo aditivo,
adictivo,
a tu dictado sustantivo.

Definitiva.

No des por sentado
todo lo aprendido
en la torpe ruta
de lo vivido,
lo transitado,
pues todo muta.
Todo computa
en esta libreta
tan apaisada,
lejos la meta
tras la disputa
con la manada.
No queda nada
tras esa muerte
que se adivina,
última suerte
asegurada,
definitiva.

Niebla despejada.

La niebla lánguida
lamía el Sena,
París lloraba.
Los profetas segaron
la espiga de la sonrisa,
sangre libre para los altares.
Una saeta azul,
a bala justa,
restablece libertad
y luces de ciudad.
Sigue, París, danzando,
melodía de Europa,
alas abiertas brillan
en la torre férrea
más ilustrada.

Procedente blasfemia.

Imagen
No da el plomo  más peso a tus leyendas  ni la sangre hereje  fertilizará tus paraísos.  Hoy blasfemo en tu honor,  descerebrado que oras  en el odio arrodillado,  y en tu dios esputo  la razón.  En tu profeta defeco,  porque hoy me place,  porque derecho tengo  y libertad ejerzo de ofenderte,  mal que le pese a tus fusiles.  Que la media luna  más afilada   sodomice tu vacío,  porque eres nada.  No porto cruces falsas  de otra versión de tu fábula antigua,  voy con palabra,  idea y pensamiento  contra la superstición  que te hace esclavo.

Este hambre.

Imagen
Este hambre de racimos de lunas,  esta sed de sal de mar,  este ansiar que no remite  este querer sin notarial poder,  esta vida yerta,  esta muerte tan vital,  este día opaco,  esta noche lúcida,  este todo que es nada,  esta nada que todo colma,  todo es,  mas nada existe.  Prefabricado el verso  que vomito,  sin digerir la esencia,  tú que lo lees y te disturbas,  quizá me acuses de la estafa.  Quizá sea timo todo el verbo,  y la carne sea madera vieja.  Foresta seca quizá seamos,  cuando la idea llegó a la savia,  larvas soñadas  en febriles noches.  Pobre de tí,  pobre de mí,  tan solos entre galaxias. 

El último tren.

Imagen
El último tren,
fuera de horario,
te llevó sin más billete
que los males 
de la enferma sociedad
a la que servías.
Sin vuelta es el viaje,
a veces,
para quien se entrega
al bien común.
Para quien callejea
paliativo,
por proteger prójimos,
ajenos a tus desvelos.
El último tren
no gusta de estos viajes
pero queda tu ejemplo
por los andenes.
Mi dorada placa
viste crespón
con tinte de orgullo.

Docena.

Imagen
Hoy es día de docena,
que años son para una pena,
pues pena me ofreces
y penarte es mi condena.
Creces como progresa
el ángulo necio
de la divergencia
que errónea trazas,
despreciando las manos
que te anidaron.
Mas culpable soy,
bien cierto es
que mía fue la fuga
del penal de los ruidos,
en el que cómoda pareces,
asumiendo el caos
y negándome en tu esencia.
Espectador seré,
si así lo quieres,
de tu medrar desde aquí al lado.
Cada tres de enero
te cantaré la nana,
desentonada y ronca,
que te arrastraba al sueño
entre mis dedos,
para que duermas, niña,
ajena a la presencia,
hasta que veas, niña,
que tengo manos tuyas.
Felicidades, niña,
felicidades.

TEJEDORA

Imagen
The innocent. by Juan Luis Nepomuceno González on 500

Sigue la araña cantando viejos salmos madrugados, desde su tela viscosa con que enmaraña sueños. Sigue el zumbido terco, la antropofagia voraz de las mentes blancas con que alimenta sus rabias, su despecho arcano bañado en néctares agrios que liba de las flores albas, inmunes ya al veneno que sintetizan como propio. En el centro de la malla, borrando rostros de libélula, tornando la inocencia en hiel ácida al sol, corrosiva a la noche.  El crustáceo no cesa  en el tejer vileza.