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Mostrando entradas de marzo, 2015

Redoble de patíbulo.

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Por qué vetar una fruta  de un árbol de ciencia infusa,  pues es el Edén falacia  y sólo ahora parir es indoloro.  Por qué heredar delitos,  culpa y pena por decreto,  si basta agua conjurada  para lavar la mancha primigenia.  Qué sabe un cachorro humano  del mal de desobediencia  a una autoridad creativa,  caprichosa y cruel donde las haya.  Leyes de piedra,  diluvios genocidas,  parricidio inducido,  plagas racistas  y un hijo inoculado,  en vientre virgen pero adúltero,  que es padre de sí mismo,   para ser torturado  y muerto,  reo de delitos colectivos. Y así estamos,  sumisos costaleros  paseando sangrienta escena,  alarido roto de duelo culpable  en las ventanas.  Boato de poderes dorados  de mantilla y bastón,  autolesión del pueblo programada,  masoquista éxtasis  de dolor etílico.  Tambor y corneta,  cera e incienso,  máscara y mordaza.

HACIA ARRIBA.

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No suelo yo mirar mucho hacia arriba,  el Cielo no me tiene en su inventario,  no hay  Dios que a mi me escriba  ni una triste misiva.  Ni marque las hojas del calendario,  ni premia ni castiga,  no existe no te hostiga,  ni firma de notario.  Pero a veces tropiezo en el reflejo  a un elemento de triste figura  que fue a nacer muy lejos, quizá una noche oscura,  algunas veces niño y otras viejo.  Peregrino de edenes y de infiernos,  sólo espero a que se acabe este invierno  que se ocupó de helar mi geografía  y el gesto que me pongo cada día. 












EN LA TIERRA DEL LOBO AHORCADO.

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Foto elcomercio.es

En la tierra del lobo ahorcado, vivo,  vivo yo, que no el lobo  que ahorcado muerto fue.  El lobo señaliza,  señala,  advierte de manadas  de alimañas de trabuco.  El lobo habla,  desde la local señal,  y advierte de frontera  entre humanos y bestias.  El lobo, lobo es,  el hombre no debiera  ni serlo para el lobo.  Defender el pan,  o el lucro quizá,  el beneficio subsidiado  o lo que sea a bala,  quita razones.  Señalizar con cadáveres  poco aporta al avance.  La imagen dice,  grita o aúlla,  desde una señal,  como altar arcaico  de salvaje sacrificio  a dioses de la ira.

CANCIÓN DILUVIADA.

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A veces son las palabras las que andan a tientas, tropiezan con las razones que no las sustentan, a veces son las miradas, algo solapadas, las que arrojan sal sobre heridas calladas de esta vida incierta, sobre carne muerta. A veces son los motivos los que no responden, escapan de las verdades, de todo se esconden. A veces son los silencios, las armas del necio, la mejor moneda para este comercio, sin que haya desorden, nada se desborde. Me pierdo por laberintos que monto en mi salón, en el sofá me extingo, muerte dulce finjo, suena otra canción. Puedo escuchar tras la lluvia las voces, feroces. A veces pierdo la linea de un pentagrama, disiento de melodías que empapan mi cama, a veces soy perro viejo, curtido el pellejo, y suelto el aullido que espanta al vencejo, no rehuyo la llama cuando me reclama.




Llueve ahí fuera.

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Llueve ahí fuera, como cortinas sucias, casi opacas, en un salón difunto. Lluvia musicada por un violinista loco, pintada en el aire por pinceles ciegos, esculpida en reja por el carcelero de las primaveras. Llueve, nada raro, agua hastiada de la nube, suicidándose en goteo sobre los ánimos frágiles. Llueve en rebeldía contra un sol pusilánime. Llueve ahí fuera, dentro, la humedad tan solo.

La cara de imbécil.

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Igual dará lo huraño,  el gesto serio,  ese carácter tuyo  de mil demonios.  Igual dará que asientan,  que obtengas beneplácito,  si te vieron ya  cara de imbécil.  Quién te crees que eres  si por títere se te tiene.  A qué aspiras  si tu vida se modela  en torno ajeno.  Y ya no hay cura,  no hay retorno  si te han visto  cara de imbécil. Cara de imbécil, sí,  cara de imbécil,  igual dará que rompas el espejo  si el reflejo está grabado,  perdurable en los añicos.  Mírate,  mírame,  hasta tú te ves  cara de imbécil.

Dies Irae.

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Días de bala y degüello,  fuego y plomo,  acero,  metales extraídos  de versículos al gusto,  de estandartes y etiquetas  para clasificar manadas.  Valdrán los dioses  para erigirnos en ira,  valdrá la patria  para minar la tierra,  valdrá la idea  para decapitar razones.  Mala es la sangre  para nada forjar  y nunca abona  huerto alegre.

BLUES DEL PERRO FLACO

No me plancha el café las arrugas del alma, al espejo insulté  tras reírse en mi cara,  sigo perdiendo canas  y aunque es viernes no sé  si afrontar la mañana.   Me abraza sin rubor,  en la calle, la niebla,  no mejora mi humor, mi esperanza se quiebra,  vaya día de mierda, se dio de baja el sol, no te extrañe que hoy muerda. Como soy perro flaco,  casi todo son pulgas,  sigo dando la murga  aunque en nada destaco. Soy el hombre del saco,  fan de la gente chunga,  el rehén del atraco. Aunque pueda parecer  que en sufrir sienta placer,  más quisiera yo gozar  y vivir sin razonar,  tan sólo trancurrir,  los dramas eludir,  no ser más perro flaco,  perpetrar yo el atraco  y en pecado invertir.




Desde mi celda.

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Almaceno silencios que llegaron por carta postal,  sólo gasto palabras, pues lo dicho no se puede ahorrar,  cuando abro la memoria se para el motor.  Hay que vivir contestándole al sol  cuando se pierde en delirios de amor,  doblando las esquinas con arcos de color.  Puedo decir  que rasuré las aguas bravas  que en la cara  me dejo crecer.   Yo no te hago preguntas que las aves quieren responder,  interrumpen su vuelo y mentir siempre hace caer,  acolchar las paredes no alivia el dolor.  Desde esta celda te escribo mejor,  en la condena prescribe el temor  a perder otra vida en bailes de salón.  Y eso da igual,  todo cambió,  las lunas giran  cada noche  por mi habitación.

PADRE

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Tú no te acuerdas,  seguro que no te acuerdas,  que sin parirte te dolí  como hoy te duelo.  Tú no te acuerdas,  cómo acordarte,  de los paseos verdes  entre castaños jubilados.  Tú no te acuerdas  del miedo,  del pánico entre plantas  de un hospital en torre,  donde parchearon tu corazón  que nació abierto.  No recuerdas qué soy,  que soy y estoy,  que seré lo tuyo  y,  unos pasos por detrás,  seguiré tu andanza.  Padre soy,  esa opción tuve,  y aunque la vida se expanda  entre órbitas imperfectas,  mi poca luz es tuya. 


Mujeres hay.

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Mujeres hay,  tras los cristales en espera,  viendo el tiempo peatón  que a cada segundo para.  Mujeres de muestra  soñando pasos  de escape,  escapar  del escaparate  y no ser acaparada  por manos sucias  que vulneran cartón piedra.  Mujeres hay  que piel quisieran,  al aire erizada  y a la caricia latente,  tibieza en roce  que nunca llega.  Mujeres hay  que ni vestido eligen,  cautivas hasta en la forma,  aparentar es norma  si posesión se admite.  Mujeres de ciudad  tras la membrana quebradiza,  sin lágrima ni aliento,  mujeres hay. 

El aire.

Por qué se empeña el aire
en susurrarme futuros,
evidencias deshojadas
de árboles de ciencia.
Por qué querrá que apure
el poco y curvo tiempo
y no insista en su derroche.
Qué más le dará al aire,
que entre oídos navega,
que me atore en la pregunta.

Eres vosotros.

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Llevas carga de aullido,
latente en lo impasible,
sin reglar y sin momento
que el arrebato es incidencia.
Mas nada aleatorio
cuando se alimenta a goteo
y el lobo baja de senderos helados,
con rugido grave en lo profundo,
presto a la matanza
cuando acorrala el hielo.
Son dobleces,
ancestro de bestia
que en los tuétanos se esconde,
colmillo seco,
miedo de trueno
y noche de eclipse.
Soy yo,
quizá no,
hay otro,
o tantos como llagas abiertas
en batallas sin gloria.
¿Soy yo, doctor?.
Eres tú
y tú,
eres vosotros.

Espectro.

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Transparente ocupo espacios
ajenos en casa propia,
ánima múltiple
por las estancias vanas.
Es túnel el pasillo
cuando puerto es la alcoba,
alto el peaje de lo cotidiano
si aparece la excepción,
así, translúcido,
sin lucidez a la vista,
espectro de reflejo
de las reflexiones torcidas.

Este curso.

Los niños apuran garrafón
mientras las niñas de falda leve
saltan la comba al ritmo
de una bachata tóxica,
móvil en mano,
reenviando fotos
de adversarias en bragas.
Llora el profesor de lengua,
sobre el amarillo del libro virgen,
en el recreo hay cásting
para un reality carnal
de citas entrecruzadas.
Se retrasa el camello
y el sindicalista estudiantil
pinta la fachada
con lemas de otro siglo.
Corrige la directora
exámenes en blanco
a rojo rotulador,
pensando, atónita, 
en la asociación de padres
que convoca fiesta de solteros.
No se alarmen,
es ficción,
ahora se exagera mucho.

Hoy no.

En días como éste,
a ratos sólo,
me oigo y me detesto
de iracundo exacerbado.
La paciencia escasa
y la voz en alza,
de automatismo
a doble voltaje.
Será el clima,
o el zumbido,
o los años no cumplidos
los que de huraño me visten.
Será que es mucho
o tolerancia nula,
y la empatía extravío
por las rendijas del día.
En días como éste,
quizá debiera
optar por celda,
por clausura,
o por el monte agudo
donde la ira se despeña
entre ecos replicantes.

Madrid, 11 de marzo.

Con el invierno moribundo,
aquella laboral mañana,
los andenes contenían
sueño prorrogado.
Cargaban los vagones
agua y jabón en rostro
y páginas marcadas
con los párrafos pendientes.
Pendientes los proyectos
y las jornadas pendientes,
besos tibios de buenos días
en las mejillas inscritos.
Y llegó el odio en clavo,
de dinamita parido,
horror atónito
sobre raíles de pueblo,
bajo oraciones mezquinas
de versículos de estafa,
sembrando el grito
para recolectar silencio.
Madrid desangrada
de futuros inciertos,
Madrid herida
de la memoria por bandos,
Madrid que sabe
de sangre, a cada poco,
donde se alzan torres
y se llora por barrios.

VENDEDOR DE GLOBOS.

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Vendedor de globos by Juan Luis Nepomuceno González on 500px
Vendiendo vocación de vuelo
al sol mezquino
de una plaza dominical.
Carcelero de los colores
retenidos
para niños de lazo raso,
portadores de moneda,
ansiosos de dibujo animado
al que domar a mano torpe.
Seguro habrá fugas
de personajes rosados,
suicidas entre antenas,
y volverá algún padre
buscando suplencia.
Aire vendido,
amarrado,
sol de injusticia,
pocas monedas.



LA MODELO.

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The model 2. by Juan Luis Nepomuceno González on 500px

Presa de la luz,  a los ojos entregada,  paciente y convicta,  a pelotón de obturadores  condenada.  Te modela la luz  y tú modelas la esencia  que robarte ansían  los cíclopes ávidos  de la belleza en crudo.  Cautiva del encuadre  en el que reinas,  breve y absoluta,  acaricias el diafragma  con la luz devuelta,  sublimada. 

Génesis.

Se hizo el verbo carne
cuando ser era entre muslos,
licuándose el ansia,
sublimándose en vapores
cobijados en la lámpara
que a lucir ya nunca atina.
Se hizo la luz entre persianas
y retornó el rito
y dio fruto el árbol,
nunca prohibido,
para endulzar auroras
entre sábanas exhaustas.
Y vino el agua
y vino el vino.
Peces multiplicados
en la entraña,
peregrinos al torrente,
y los planetas bramaron
esclavos de la órbita.
Carne comulgada
que nunca sacia,
sangre alzada
que hiere en dulce.

Mujer.

La cuna de la herida
que sangra miel de amapolas,
cáliz y nido,
la fragua viva
que vida forja,
el aliento tibio
perseguido.
Nadie te tome
pues nada debes,
tierra latente,
planetas lácteos
retando universos.
Mujer,
al frente de lo humano.

Rinocerontes.

El adicto a las luciérnagas
no sabe de luz robada
y cabalga rinocerontes viejos
entre miopes girasoles.
Es la sombra la que ordena
el paso más peregrino,
son posada catedrales
y los gorriones guardianes
velan sueños fugitivos.
No cantes mi canto roto,
parido entre viejos ríos.
Canta piedras nuevas
de canteras usurpadas
y dile al viento que he muerto,
que no me busque la nube
en eucaliptos quebrados,
en la corteza de encina
guardo el rayo congelado.
Mi casa está enferma
de desahucio prometido
y el tejado silba
melodía de anuncio
de compresa alada.

Ramillete.

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Hay que dormir el miedo,  arroparlo con pétalos  de esperanza abierta  y mirar al frente  de la senda convenida. Mejor así,  desnudarse del agüero  y bañarse en brisa  de la que vendrá mañana.  Todo irá,  será a la fuerza bien  si bien se emprende,  con escolta fiera  de quien nunca falta.  Ten la aurora en seda  y que el miedo duerma  hasta que la luz impere.  Ramillete de ánimo  trenzado de palabras  a tu mesilla envío.

Vitae.

Perdí el currículo por las calles
de alguna ciudad nocturna,
de las de navaja hambrienta
y faldas de barricada,
donde morir es de menú
del día que toque
con pan y postre.
Amé doliendo
y dolorido,
derrochador de la caricia
y quizá hoy,
algo insolvente.
Embajador de lo amargo,
que perdura más
que la volátil dulzura,
huraño por adelantado
a la vejez tras esa esquina.
A bocanadas tengo
el aire que ahumo
de tabaco negro,
con ansia añeja
de a diario.
Sin alma me sé,
no desalmado,
pues procuro aliviar
al prójimo,
dañando lo inevitable,
y mis armas velo
aun vírgenes de la herida.
No adoro nada,
ignoro trascendencias
y si vi el Cielo fue
entre sábanas de arrullo.
Aquí me hayo,
localizable en extravíos,
hasta el mutis último,
sin bises de cortesía.

Avalancha.

Con las avalanchas de ropa sucia
llegan tormentas de platos rotos,
no habrá paraguas para esta lluvia
que, aun siendo seca, es maremoto. Huele a quemado de las alubias
que se pensaron se hacían solas,
ahora el pan seco sólo se rumia,
no es lugar éste para amapolas. Porque el sol del ruido huye,
distorsiona esa gramola,
del grifo sólo hiel fluye. Murió Mario en la consola,
la tragedia ya se intuye,
en la puerta ya hacen cola.