Se hizo el verbo carne
cuando ser era entre muslos,
licuándose el ansia,
sublimándose en vapores
cobijados en la lámpara
que a lucir ya nunca atina.
Se hizo la luz entre persianas
y retornó el rito
y dio fruto el árbol,
nunca prohibido,
para endulzar auroras
entre sábanas exhaustas.
Y vino el agua
y vino el vino.
Peces multiplicados
en la entraña,
peregrinos al torrente,
y los planetas bramaron
esclavos de la órbita.
Carne comulgada
que nunca sacia,
sangre alzada
que hiere en dulce.
lunes, 9 de marzo de 2015
Génesis.
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