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Mostrando entradas de abril, 2015

Devenir.

Habría que dormir el alba,
no despertarlo,
cautela. 
Habría que ensanchar la noche,
anclar el tiempo
al abrigo del deseo
y morir mil veces,
abortando amaneceres.
Descansar de los sucesos,
inmune a los azares
y a lo predecible.
Pausar el relato
congelando personajes.
Bajarse en marcha
de esta órbita.
Habría que pensarse bien
el devenir satisfactorio.

DESVALIMIENTO.

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¿Por qué?. ¿Por qué el desvalimiento?.  El vacío denso  de algunos días gastados  pesa demasiado  para los hombros leves.  Hay nube  de plomo templado  por las inmediaciones.   Hoy no,  hoy no procede el baile.  Es día de fruta tenue,  insípida de jugos,  y cubrir la dieta  de fechas sin marcar.  ¿Por qué?.  ¿De qué convalece  la mirada que se pierde  tras la nuca del testigo?. 

PASA LA RAYA.

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Morena, pasa la raya,  no tengas miedo a otro suelo.  Cruza danzando en el vuelo  de tu falda que se explaya   ignorando las fronteras,  que la gaita nunca calla  y la danza nunca falla,  cuando viaja en tus caderas.  Toma mi mano, morena,  violentemos las aceras  que serán como praderas  o playas de blanca arena,  bajo el roce de tu pié,  que no conoce cadenas,  barredor de cualquier pena  que me nuble a mí la sien. 

CABALLERO.

Hilando virutas de luna  me tejí cota de malla  para incursiones nocturnas.  Impermeable a la tiniebla,  camuflado de cara oculta,  trazo órbitas a carboncillo,  bocetando batallas perdidas.  De invierno forjado  es escudo y armadura,  protegiendo primaveras  vitales de mis órganos ajados.  Otoñal el yelmo,  con la visera enmascara  el verano de un rostro  de sol ajusticiado.  Templé mi espada  entre pieles,  con acero de amapolas,  y su corte certero  abre carnes como puertas  de templos olvidados.  No hay rey que a mi me ordene  y plebeyo habito,  nunca vasallo,  triste figura,  luna de mayo.

CEDIENDO PASO A LA PRIMAVERA.

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Foto: José Ramón Viejo.
Acababa la Folixa  de este año de tiempo incierto  y te retiraste,  en sabio silencio  con sonrisa a medias.  Mieres lloró  tu ausencia por sus calles,  la charla afable  y la broma pícara.  Hay vacío en el Puerto de Pinos, huérfano de símbolo,  y en La Bodeguina quedan retrato y caricatura,  recuerdo amable  de quién amable fue,  de uniforme o de paisano,  siempre paisano,  de chigre y puerto,  de cabaña y calle.  Tu pueblo,  ahora también mío,  nota la falta  de la gente buena,  escasa aun en Folixa.  Te fuiste galante,  cediendo paso a la primavera.


Espejismo.

A ratos,
a momentos,
a bocados,
a roce y suspiro,
gota a gota,
así vienen las alas
para el vuelo breve,
previo a la caída,
pues cera es
la materia necia.

No necesariamente.

No necesariamente
hay que vestir las nubes
de domingo añejo,
ni peinar el aire
con óleos santos
aromados de fanfarria.
No necesariamente
amortajar las ansias
con sedas de hábito.
No necesariamente
se caminan las aceras,
que procede, a veces,
someterse al atropello
del vehículo adecuado.
No necesariamente
hay que ducharse en agua dulce,
que la sal aviva
el escozor preciso
para la constancia
de existencia.

NIEVE MALVA.

Camina entre dos gaviotas  la niña de nieve malva.  De escarcha su pelo en vuelo,  de cera su piel morada.  No espera luces de estío  ni la fachada encalada,  que tiene reserva de ola  y espumas como guirnalda.  Ya asesinó golondrinas,  las siembra decapitadas,  esperando ver un árbol  que de fruto le de alas  para eludir cordilleras  y desiertos de plomada,  sedienta de aire y nube,  hambrienta de madrugadas,  que no es día para cuentos,  junto a la flor va la daga. 


Ruido, ruido.

El doble redoble
que martillea,
el zumbido,
el crujido roto,
chapoteo de llovizna
de espina bífida,
papel rasgado
de libro obviado,
uña en pizarra,
ritmo asonante,
constante,
necio,
goteo alcalino,
gélido,
sobre cráneo desnudo.
El ruido es mi condena,
vacío y agudo,
reo de erosión
toda esta era,
porvenir de arena.

A la altura.

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Sé que no sabré
estar a la altura
cuando,
a la reunión que sea,
me ausente irrevocable.
Nadie está a la altura
a la hora de la ausencia
pues el vacío no tiene escalas.
El respaldo nítido,
sin opacidades interpuestas
de presencia conocida,
tiene voz que dice
en los silencios.
Sé que no sabré estar
cuando no esté,
mas lógico es, 
si asumido se tiene
ser prescindible,
un vacío en silla
cuando proceda.
Sólo memoria,
tanto como eso
y tan poco como el olvido,
natural proceso
para la biología.

Entre cruces.

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Entre cruces de plata,
encajes negros de falso luto.
Encaje negro en peineta
de dignidades usurpadas
a un pueblo costalero,
oculto encaje de pecados
siempre ocultos.
Negra mirada
de fervores opacos
procesionando deseos.
Entre cruces,
los silencios,
los suspiros,
quejidos en los balcones
por los tormentos
en metáfora.

Suroeste.

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Cuando retorna tu osamenta
a los aires que te crecieron
y capturas voces
de acordes de juventud,
la memoria es bálsamo,
jarabe infantil
para tu ronquera.
Cuando la luz a granel
te empapa la piel ahumada,
en violenta primavera
en estallido,
y las calles renombradas
te recuerdan las carreras,
las batallas y derrotas,
las victorias de besos torpes
robados a quemarropa,
quizá sea que envejeces.
Callejas de nazareno y oro,
cera caliente y cerveza fría,
juerga y martirio,
negras mantillas de luto, 
blancas y breves faldas de alegría,
saeta rota y piel ferviente
de pecados nuevos.
Suroeste, éste,
que me fraguó tal cual.