No necesariamente.

No necesariamente
hay que vestir las nubes
de domingo añejo,
ni peinar el aire
con óleos santos
aromados de fanfarria.
No necesariamente
amortajar las ansias
con sedas de hábito.
No necesariamente
se caminan las aceras,
que procede, a veces,
someterse al atropello
del vehículo adecuado.
No necesariamente
hay que ducharse en agua dulce,
que la sal aviva
el escozor preciso
para la constancia
de existencia. 

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