A la altura.

Sé que no sabré
estar a la altura
cuando,
a la reunión que sea,
me ausente irrevocable.
Nadie está a la altura
a la hora de la ausencia
pues el vacío no tiene escalas.
El respaldo nítido,
sin opacidades interpuestas
de presencia conocida,
tiene voz que dice
en los silencios.
Sé que no sabré estar
cuando no esté,
mas lógico es, 
si asumido se tiene
ser prescindible,
un vacío en silla
cuando proceda.
Sólo memoria,
tanto como eso
y tan poco como el olvido,
natural proceso
para la biología.

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