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Mostrando entradas de septiembre, 2014

Días de lobo.

Estos días de lobo  que se reinician  en la entraña candente. Días de acecho,  de fauce abierta,  incineran los momentos  que en la memoria rugen.  Surge el ansia  depredadora de razones,  vengativa del sentido que nos amarra en la guarida.  Días de lobo,  de escozor de alambrada,  de olfatos lacerantes,  de lengua árida.  Sangre tibia  aclarada a Luna.  Ardor de ánimo  que incendia lo prudente.  

REPETIDO

Allá donde habito, en los rincones y los pliegues, en los sofás más huraños, tras muros horadados con ventana de cortesía, me encuentro y me observo, me interrogo y me niego. Ignoro mi llegada pues ni me saludo al verme, indolente en la pereza, el cómodo desaliento, la arrogancia de los vacíos. Me repito, me observo hiriéndome a traición por rabia antigua contra el que vierte palabras en pantallas de silencios. Me repito, entro o salgo, invado o huyo, derrotado de mí, de mis asedios.

PODRÍAMOS

Podríamos ser luz en semilla  si renunciamos a la herencia de aullido,  mirando al frente,  El pasado no es válido equipaje,  sólo aprendizaje,  archivo a revisar  desechando opacidades.  Podríamos ser lo deseable,  libres de circos y altares,  de ritos ajados  y mazmorras de ideas.  Podríamos ser,  aun así lo somos,  lo mejor de la historia  de un planeta que,  ahora,  ahora sí,  es nuestro,  no donado,  ganado a lo salvaje  a ciencia limpia.  Podríamos desnudarnos  de hábitos y atavíos,  rasgar la piel del simio  y tejer las redes para el avance.  Podríamos ser el bien,  pues el mal está en lo que no hacemos,  en la ceguera buscada,  en las arcas selladas  por candados de avaricia.  Para qué el alarido  teniendo la palabra,

El vals de los creyentes.

Suena el vals,
el viejo vals de los creyentes
que giran centrípetos, 
convulsos y extasiados
a tres compases de doctrina,
en torno al monolito
de luz negra y narcótica.
No hay más,
danza y giro,
órbita guiada
en torno a lo absoluto.
Tras la puerta del salón,
siempre prevenida a las razones,
al cambio de paso o melodía,
la condena espera
no verse expuesta a la evidencia.
Suena el vals,
mejor así para la nada.

La vida rasa.

La vida rasa,
el día sin destilar,
no mejora la estancia
por luz simple de ventanal.
Hay murmullo cocinado,
tras cada gesto presentido, 
en las cañerías cantoras
de líquidos secretos,
cuando el agua es adhesiva.
Puede destaparse la asunción
de expectativas bloqueadas,
diagnosticar la llaga
y la gangrena
de lo crónico.
Si voluntades brotaran
de mejora de estructura,
quizá la mancha se estancara
en un tabique último.
Mas voluntad no asoma
ni en el buzón delega.
La vida rasa,
sin profundizar,
tampoco ayuda
y el tiempo es duna,
siempre necia en el avance.

Imponderables

No todo se resume
analizable.
El vaso estalla,
se pierde la palabra justa
en recovecos muertos.
No hay previsión
y la catástrofe se instala
o se escabulle bajo la puerta.
Cálculo,
formulación,
expectativa y la hiel,
mácula en un labio,
tornados de ropa sucia
sin parada en ciudades esmeralda.
Rieles de cortina ahumada
entonando sonatas
de aires viejos.
No todo es ley
o no atina la física
para exorcizar los hechos.
Tiempo en espiral
que baila valses burlescos.
Quizá sea tarde,
quizá mañana o tampoco.

LUCILA

Suenan canciones de cuellos imposibles,
campanas solemnes de pantalones calzados
y allí estás tú,
frente al espejo confesor,
combinando modelos y pinturas inéditas.
Yo, cómplice y jurado,
siendo un niño casi roto,
dándote voto de pequeño hermano
desde el catre paralelo
a tus ensueños.
Recuerdo de andenes lacrimosos,
tu partida de aquella casa ingrata,
tu mazmorra,
y el vacío que cargué
en la estación gris de aquella noche.
Aun oigo coplas de fregadero,
baladas de galanes con patillas
y tu voz gallega y sureña
llenando la cocina.
Tengo tu risa,
mayor hermana,
tengo el gorjeo de tus canciones,
luces en tiempos de penumbras,
de resplandores y miedo,
te tengo allá,
te tengo hallada.

FELICITACIÓN.

Desde mis canas afiladas  de espadachín chusquero,  desde la incierta nave  que eriales surca desde la partida,  besos te mando al Suroeste,  donde tu viento forjó  mi lado bueno.  Soy lo que soy,  por tí y a tus pesares,  pero soy tú,  quizá en cierta medida.  Tú eres la luz,  siempre de guardia,  que a veces brilla  en mis saturadas pupilas.  Festeja el día,  vive las horas,  siempre mi madre,  siempre mi niña.

Tiempo y agua.

Entre los dedos se escurren las horas,
líquidas gotas del indigente tiempo,
sin liquidez en alegría a plazo fijo.
No hay retén para el fluído
que evoca la expansión
y se evapora.
Es la lágrima cautiva
la que arrasa las miradas,
la saliva sedienta de piel huída,
la que agrieta labios de beso muerto.
La nube reprimida acaba
por desatar el rayo.
Agua prensada,
gelatina tibia de afán de ola.