El vals de los creyentes.

Suena el vals,
el viejo vals de los creyentes
que giran centrípetos, 
convulsos y extasiados
a tres compases de doctrina,
en torno al monolito
de luz negra y narcótica.
No hay más,
danza y giro,
órbita guiada
en torno a lo absoluto.
Tras la puerta del salón,
siempre prevenida a las razones,
al cambio de paso o melodía,
la condena espera
no verse expuesta a la evidencia.
Suena el vals,
mejor así para la nada.

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