LUCILA

Suenan canciones de cuellos imposibles,
campanas solemnes de pantalones calzados
y allí estás tú,
frente al espejo confesor,
combinando modelos y pinturas inéditas.
Yo, cómplice y jurado,
siendo un niño casi roto,
dándote voto de pequeño hermano
desde el catre paralelo
a tus ensueños.
Recuerdo de andenes lacrimosos,
tu partida de aquella casa ingrata,
tu mazmorra,
y el vacío que cargué
en la estación gris de aquella noche.
Aun oigo coplas de fregadero,
baladas de galanes con patillas
y tu voz gallega y sureña
llenando la cocina.
Tengo tu risa,
mayor hermana,
tengo el gorjeo de tus canciones,
luces en tiempos de penumbras,
de resplandores y miedo,
te tengo allá,
te tengo hallada. 

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