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Mostrando entradas de marzo, 2008

LEVEDADES QUE PERDURAN

Las huellas leves, rozadas más que pisadas, también persisten. Se obstinan en la permanencia llenando memoria. El susurro a tiempo, suspirado más que dicho, deja eco reverberando, registrado en los aires devueltos como estribillo regresado. No por lo intenso queda la marca, sino por lo oportuno de la acción, su intención y la conciencia.

VIERNES SANTO

Cuando se comban las aceras al paso de caminantes pardos, errantes y vacíos de miradas y respuestas, puede que nazca un río, que se convoque una fiesta de mil guirnaldas de nardo en un llano a las afueras. Y hay pradera para el rito y huerto para el reproche, pedir clemencia en derroche, a un Dios, a un astro, a un mito. Y cuando caiga la noche, izad al cielo las  cruces, apagad todas las luces mientras se peca en el coche. Levantando monumentos al dolor y a la tortura, vanas palabras de un cura sobre un hombre y su tormento. Las conciencias se depuran con pie descalzo y cilicio maquillando todo vicio y deseos que maduran gozando el sacrificio con furia y contricción, la lujuria y la ambición se cuelan por el resquicio. Las pasiones dolorosas, los viacrucis del pecado, un buen vino y buen bocado y otras tareas gozosas. Del prójimo la hembra hermosa se seguirá deseando, aún en el altar dejando una vela o una rosa, como buena penitencia para el errar futuro en el lecho o contra un muro, vaya …

TU MI PECHO

A veces oigo el latido del metal del parche injertado en tu mi pecho, el remiendo artificial que te salva por derecho del torrente desigual de un corazón poco hecho. Y de los miedos ya hace un año, de un bisturí cargado de filo de ansiedad inmensa, de la larga espera tensa, del gotero enmarañado y del verde de los paños. Y el azul de aquellos ojos de la mujer que pilotaba el navío que surcaba por tus venas mares rojos para encallar a su antojo en el dique y su fractura, repararla sin sutura y con sonrisa blanca y pura dar esperanza a manojo. Y yo que no tengo santos, ni dioses ni altar alguno, creí aquel día oportuno en aquella patrona sin manto, que nos libró del espanto con oficio y mucha ciencia, mano firme y experiencia. Con la magia del saber, del empeño y la conciencia que salva al hombre del doler.

NO ES POR NO QUERER

No es que no quiera cantar a la espuma, las olas altivas, a las mareas que abrigan y desabrigan la arena. No es que no quiera cantar al pétalo, al tallo y la espina y al canto de aroma de la rosa ofreciéndose abierta. No es que no quiera cantarle al halo de la luna que envuelve las locuras del hombre de acera. Es que debo cantar al hombre. Y si digo hombre, digo también mujer. Debo cantar al perdido en laberintos de vértigo, el que busca el sustrato blanco de honesto abono para enraizar urgente, seguro ante los vientos, podridos aires violentos cargados de la mezquindad que se respira en cada acera. No es que no quiera cantar las luces, es que debo cantar las sombras que manchan las pupilas con alquitrán de falacia. No es que no quiera cantar natividades, es que debo cantar la sangre derramada por sorteo, por azarosos versículos o por códigos de mármol. Es que hay días en que canta el plomo, y las olas arrastran muñecas rotas. No es que no quiera cantar, es que no debo llorar mas nos sobran los m…

GENTES QUE HAY

Sí que la hay.
Hay gente marrón,
gente parda
de sombra helada
y pisada sucia.
Y gente cárdena,
morada de dolor ajeno,
imponiendo penitencias
por pecados propios,
siempre ocultos.
Pero también hay,
solo hay que buscarla,
gente celeste
de mañana clara,
de rocío generoso
y luz blanca de cal,
de sábana de holanda.
Gentes con islas
en pupilas de ventanal,
con mares del sur
en la lágrima sincera
que lubrica sonrisa.
La hay,
yo lo sé,
hay gente de migaja.