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VIERNES SANTO

Cuando se comban las aceras
al paso de caminantes pardos,
errantes y vacíos
de miradas y respuestas,
puede que nazca un río,
que se convoque una fiesta
de mil guirnaldas de nardo
en un llano a las afueras.
Y hay pradera para el rito
y huerto para el reproche,
pedir clemencia en derroche,
a un Dios, a un astro, a un mito.
Y cuando caiga la noche,
izad al cielo las  cruces,
apagad todas las luces
mientras se peca en el coche.
Levantando monumentos
al dolor y a la tortura,
vanas palabras de un cura
sobre un hombre y su tormento.
Las conciencias se depuran
con pie descalzo y cilicio
maquillando todo vicio
y deseos que maduran
gozando el sacrificio
con furia y contricción,
la lujuria y la ambición
se cuelan por el resquicio.
Las pasiones dolorosas,
los viacrucis del pecado,
un buen vino y buen bocado
y otras tareas gozosas.
Del prójimo la hembra hermosa
se seguirá deseando,
aún en el altar dejando
una vela o una rosa,
como buena penitencia
para el errar futuro
en el lecho o contra un muro,
vaya limpia la conciencia,
que una saeta cantada
con desgarro y con fervor,
del Señor trae más favor
con fino la voz templada.
Que no hay penar sin pecado,
y por penar España peca,
que para mirar a La Meca
es mejor estar tumbado.
 

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CEDIENDO PASO A LA PRIMAVERA.

Foto: José Ramón Viejo.
Acababa la Folixa  de este año de tiempo incierto  y te retiraste,  en sabio silencio  con sonrisa a medias.  Mieres lloró  tu ausencia por sus calles,  la charla afable  y la broma pícara.  Hay vacío en el Puerto de Pinos, huérfano de símbolo,  y en La Bodeguina quedan retrato y caricatura,  recuerdo amable  de quién amable fue,  de uniforme o de paisano,  siempre paisano,  de chigre y puerto,  de cabaña y calle.  Tu pueblo,  ahora también mío,  nota la falta  de la gente buena,  escasa aun en Folixa.  Te fuiste galante,  cediendo paso a la primavera.


MADRE

Desde un extremo
del cordón que nadie corta,
sintiéndome aun gajo
de la fruta generosa,
tengo palabras
que no pagan el débito
contigo,
planeta madre
que diseñó mis órbitas.
Oigo tu voz en la distancia
cantando copla entre cacharros
para espantar la pena
que nos nublaba.
Tu cetro era fregona malpagada,
tu trono mesa camilla a media noche,
tu voz la ley,
no siempre ejecutada.
Desde las canas que me urden,
distancia y tiempo no son nada
pues te siento en mi esqueleto.
A falta de flor te mando verso
que tiene aroma y no marchita.

DESEOS 2017.

Que lo que quede les sea amable,
que lo que venga sea con piel,
los sinsabores de miel
y los vientos favorables.

Que sólo duelan con gusto
mientras expriman placeres,
siempre gratos los quehaceres
y que triunfen los justos.

Que las mentiras sean piadosas,
que las verdades sean ciertas,
que se apaguen las alertas
y que se enciendan las rosas.

Todos los días aprendan,
que nunca olviden lo bello,
la curvatura de un cuello
y los besos que nos vengan.

Que sean felices a ratos,
y que sea con frecuencia,
que este año no haya ausencias
ni piedras en los zapatos.

Es mi deseo sincero
para las gentes sencillas
que no saben de rencillas
ni pleitean por dinero.