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Mostrando entradas de enero, 2017

Cangrejo.

Y tenia que llegar el cangrejo
a esta playa devastada.

A este depósito de arenas viejas,
que se creían impunes
a las plagas tan corrientes.

Pero no,
hay que excavar los castillos,
limpiar las mazmorras
de tanta palabra encarcelada,
y hacer del silencio hábito
por mor del estar,
no se sabe dónde.

ADELANTO.

Lo recorrido me adelanta,
ahora, que voy frenando,
en el momento preciso
que mi garganta no canta
y pronuncia derrapando
por el asfalto más liso.

Y, a finales de enero,
febrero ya me he fumado,
abriendo marzo a destiempo.

En el bisturí me reitero
con el destino acuñado
en falso de desaliento.

En el parque, las palomas
ya no me hacen reproches,
dándome por descontado.

Escribo y abuso en comas,
de la pausa hago derroche,
que el punto venga atrasado.


Alguien tenía que hacerlo.

Bien hubiera querido
hacer épica en las letras,
desgranar arte
en luces de paz libre.

Bien hubiera querido
amansar jaurías
con la palabra certera,
sin sermón de montaña
mas con razón limpia.

Bien hubiera querido
ser libertador en las leyes,
en los derechos juglar,
andante caballero,
destartalado y justo.

No fue así,
en cambio;
mientras otros
batallaban la octavilla,
la pancarta impoluta;
alguna vez,
forastero,
tuve que ser
quien disparó
a Liberty Valance.


HOY LUNES, NO SÉ.

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Hoy lunes, no sé.
Hago inventario de dolencias, recuento extraordinario por excedentes en almacén.
Hay fatiga, fatiga de losa y ascua en la garganta.
Varias horas sin ahumar mis palabras casi mudas, de afonía siciliana de patriarca jubilado.
Otro intento de abandonar las volutas que acuchillan mi laringe.
Hoy lunes, no sé, como si pesara, como precisando un vuelo de ángel que me extraiga de esta ciénaga, que me absuelva de testigo de ésto, a lo que asisto.
Hoy lunes, no sé, seré deriva en corriente de río, a remo inerte, esperando encallar en martes, no sé, o bien al delta de desembocadura en el cierto océano.

Como dijo el profeta. 

Os hablarán hombres 
 de anaranjada tez 
 con discurso de versículo. 

 Gobernarán los zafios, 
 tintados en oro 
 de becerros falsos. 

 Portarán corona 
 los sátiros 
 y el Olimpo será fauna. 

 Poco pan 
 y mucho circo, 
 burdo y proxeneta. 

 Ataviados de bandera, 
 os prometerán glorias 
 a los humildes y decentes, 
 en bienaventuranzas 
 de sencillo aprendizaje.

 Saciaréis vuestra sed 
 de aguas nuevas 
 en fuentes de oropel 
 y labraréis su tierra 
 con la cabeza alta 
 y la rodilla hincada. 

 Todo será más sencillo,
  para qué preguntaros nada
 si el simple no sufre
 y siempre es bienaventurado.

La luz inerme. 

Mañanas de sabor a yeso,
 en la tele crónicas  de desaparecidos, 
 alarde de teorías 
 de morbosos desenlaces y,
en la calle, 
 la helada, 
 aire inmigrado 
 de un polo que se funde,
 vulnerando nuestra templanza. 

 Otro día que no transcurre
 en este invierno anunciado. 

 En el móvil, 
 un vídeo vertical 
 encarcela alguna crueldad 
 generosamente compartida.

  La luz está 
 pero no desvela nada.

ALGUNA TARDE.

En el día se recuentan  las bombillas fundidas  que envasan aire ausente. 
En la noche se sueña muerte  en almohada de mortaja,  manchada de extertores. 
En la tarde hay olvido  en fruta fresca,  recuerdos exprimidos  a inventario diario,  y las cuentas  siguen sin cuadrar  ningún balance posible. 
Llueve oscureciendo  y el tobogán se abre  para el descenso  y el vértigo asumido. 
En la silla levita  un violín cautivo,  mientras el arco duerme,  indolente al roce en grito.

McMenú.

Se abomba hacia dentro la alambrada
dándonos niños en carne picada,
para menús infantiles de cumpleaños
en centro comercial,
con descuento por grupos
y ludoteca monitorizada.

A veces nos llega la metralla
y con ella forjamos alambre,
catenaria
y hormigón armado a doble capa.

La vida sigue,
tras los sobresaltos,
y celebramos cumpleaños
de carne picada,
ajenos a la alambrada,
a la metralla,
en ludoteca por cable,
de banda ancha.


LÁNGUIDO FINAL.

Se marchita el espumillón
mientras la flor de pascua desentona.

Las luces son vidrio muerto
y el gris retorna a la realidad.

Ya hay cadáveres
de juguete efímero
por los contenedores empachados.

Se oyen suspiros
de abetos supervivientes
y las estrellas desisten
de aspirar a cometa.

Nos saludamos al cruce,
mas la sonrisa no es tan osada.

ORNITORRINCO.

Se reivindica el ornitorrinco
en su chocante rareza,
siendo con más fuerza
lo que provoca desconcierto.

Único y mixto,
primo y conjugado,
se contonea en alarde
de lo estrambótico.

Mutad el gesto,
mostrad rechazo
a la diferencia
que él,
el ornitorrinco,
sí se sabe en su naturaleza.

CATORCE.

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Pues resulta que, neonato el diecisiete, en catorce te pones.
Catorce como dos veces siete, niña multiplicada por dos vidas de infancia, directa a lo intenso, a lo agridulce que moldea.
Catorce como frontera, capítulo de nudo que será pauta del desenlace.
Catorce de carga sobre mis edades sin vuelta.
Catorce como pleno de apuesta por los desempates con los azares adversos.
Catorce en el tiempo, en la órbita que se expande alrededor de este cincuenta y uno, y uno que mira, que mira el catorce resultante de aquella suma de números impares.

UNO DE ENERO.

En el salón desordenado
suena Strauss,
uno de ellos.

Dudamel brinca
entre notas sin pentagrama.

Viena me recuerda
lo que es Europa.

La resaca más sincera
me dice que lo de "joven"
es una mentira piadosa.

Bajo la ducha primera
rasuro mis blancas barbas
y miro el año desde el vaho.

Habrá que echarse a la calle,
cruzarse con los miembros
de esta tribu,
a la que no saben que pertenecen.