Tiempo y agua.

Entre los dedos se escurren las horas,
líquidas gotas del indigente tiempo,
sin liquidez en alegría a plazo fijo.
No hay retén para el fluído
que evoca la expansión
y se evapora.
Es la lágrima cautiva
la que arrasa las miradas,
la saliva sedienta de piel huída,
la que agrieta labios de beso muerto.
La nube reprimida acaba
por desatar el rayo.
Agua prensada,
gelatina tibia de afán de ola.

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