NO SON HORAS.

No son horas
para labrar el día
que, por sí,
de festivo viene.

Dormir más pudiera
más no quisiera,
pues luz nebulosa,
de un Oviedo sumergido
en perezosa nube,
saluda desde la ventana,
impracticable para el vuelo.

Es la vida,
la luz leve
y, en los oídos,
sucesiones sonoras
tejidas para arropar
lo gélido de nuestra levedad.

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