ENVENENADA SAETA.

Abarrotadas las calles
de fervores en madera,
clavel, incienso y cera,
rancio sudor de costales.

El oprimido va y carga
con mitos artificiales,
delante van los notables,
a los lados fuerza y arma.

Desde el balcón el quejido
se lanza contra el romano,
por no nombrar lo cercano,
sus sonoros apellidos.

Todo está bien ordenado,
todo va "como Dios manda",
paso al ritmo de la banda,
meciendo al pobre condenado.

Así son las tradiciones,
las miserias sublimando,
la injusticia perpetuando
a lomos de las pasiones.




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