SIN ESCUDERO.

Abordo veleros feroces
desde esta cama viajera
y navego tiempos
y espacios moldeados
a sonata pregrabada.

Qué mejor nave
que este planeta convulso
que veloz viaja
al ritmo de la expansión.

A veces me apeo
del vagón forjado
en el delirio
y veo lágrimas
de gente que despide
a pacientes extintos.

Triste es la pérdida,
lo breve y lo leve.

Vuelvo a los arpegios
y levito hacia Corinto,
Bagdad, Ítaca,
y asalto Troya
sin caballo de madera,
en mi rocín maltrecho
con querencia de molino.

Sin escudero
que me modere,
andanzas vivo
y entuertos desfago,
en tanto no me llamen
para la cura. 

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