NO HACÍA FALTA.

No era necesario,
de verdad,
pasar por esto
para dar intensidad
a mi biografía.

No precisaba
sentencia
y provisional indulto
para saberme perecedero.

No hacía falta
llegar a estos extremos,
que uno consciente es
de lo breve,
de la pérdida,
los silencios forzados
y los temores fríos.

Ya que fue,
que el cáliz me fue dado,
seguiremos relato ameno
de tribulación y avatar,
que prueba será
de vida.

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