miércoles, 31 de mayo de 2017

DORMIR.


Dormir un mes, 
un año quizá, 
sólo lo necesario 
para asear la mente 
de los posos de rabia 
que la obturan. 

Aletargar, 
vegetativo 
hasta nuevos soles 
en los que sólo quede 
lo cierto, 
malo o bueno 
pero evidente. 

Descanso necesario 
para el entorno, 
siempre colgado 
de la incógnita 
entre comillas, 
presumiendo fortalezas 
que a veces pierdo. 

Dormir 
como túnel de tiempo. 

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