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SECUELAS

Como un sembrado
tras la batalla,
queda el pecho humeante
tras el inusual estallido.
No hay cúpula
que soporte el clima
de aguacero
tras calima,
tras tornado,
tras helada fiera,
por mucho que pretendas
tornarla opaca,
metálica e inerte.
La grieta nunca mengua,
espera paciente
su minuto pletórico
para esparcer los vidrios
como metralla fundida.
Muchos son los días
en la urna protectora
sin contestar las llamadas tercas
de aldabón continuo.
Que si debes hacer,
que si haces y no debes,
que si quieres y no puedes,
que si no quieres y está hecho.
Y tanta expectativa erosiona
como arena disparada
dejando al aire las vigas
y los pilares escuálidos.
Y colapsa el edificio
como las torres de septiembre,
heridas por dardos habitados.
Dejad que brote
entre el rastrojo ardido,
tened paciencia con este erial
que hoy es humo
y sangre seca
de tropa derrotada
de afanes reclutados
durante años contados
en tomo no muy grueso. 

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CEDIENDO PASO A LA PRIMAVERA.

Foto: José Ramón Viejo.
Acababa la Folixa  de este año de tiempo incierto  y te retiraste,  en sabio silencio  con sonrisa a medias.  Mieres lloró  tu ausencia por sus calles,  la charla afable  y la broma pícara.  Hay vacío en el Puerto de Pinos, huérfano de símbolo,  y en La Bodeguina quedan retrato y caricatura,  recuerdo amable  de quién amable fue,  de uniforme o de paisano,  siempre paisano,  de chigre y puerto,  de cabaña y calle.  Tu pueblo,  ahora también mío,  nota la falta  de la gente buena,  escasa aun en Folixa.  Te fuiste galante,  cediendo paso a la primavera.


MADRE

Desde un extremo
del cordón que nadie corta,
sintiéndome aun gajo
de la fruta generosa,
tengo palabras
que no pagan el débito
contigo,
planeta madre
que diseñó mis órbitas.
Oigo tu voz en la distancia
cantando copla entre cacharros
para espantar la pena
que nos nublaba.
Tu cetro era fregona malpagada,
tu trono mesa camilla a media noche,
tu voz la ley,
no siempre ejecutada.
Desde las canas que me urden,
distancia y tiempo no son nada
pues te siento en mi esqueleto.
A falta de flor te mando verso
que tiene aroma y no marchita.

DESEOS 2017.

Que lo que quede les sea amable,
que lo que venga sea con piel,
los sinsabores de miel
y los vientos favorables.

Que sólo duelan con gusto
mientras expriman placeres,
siempre gratos los quehaceres
y que triunfen los justos.

Que las mentiras sean piadosas,
que las verdades sean ciertas,
que se apaguen las alertas
y que se enciendan las rosas.

Todos los días aprendan,
que nunca olviden lo bello,
la curvatura de un cuello
y los besos que nos vengan.

Que sean felices a ratos,
y que sea con frecuencia,
que este año no haya ausencias
ni piedras en los zapatos.

Es mi deseo sincero
para las gentes sencillas
que no saben de rencillas
ni pleitean por dinero.