MITO Y OFRENDA.

Pendiente del acertijo.
Del laberinto, inquilino.
De los oráculos,
nunca pendiente.

Pueden cantar millares
de sirenas varadas
las letanías más hipnóticas
que yo haré alarde de la sordera.

No perseguiré más vellocino
que la piel dorada
de unos muslos gratos.

Ni héroe
ni bastardo de algún dios.

Soy el animal domado
a látigo de labios
y cintura hospitalaria.

Soy sed ansiosa,
nunca mitigada,
pues en mi garganta habitan
infiernos sin barquero.

Dame la boca en ofrenda
y se obrará el milagro
más pagano,
más humano,
más digno de todo sacrificio. 

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