ESAS MÁGICAS PRESENCIAS.

Con el ánimo ondulado,
llegó aquella mañana amarilla
para hacerse un hueco en los minutos.

Como equipaje,
un arcón de papel mojado
lleno de palabras usadas,
planchadas al vapor de rocío.

Dormía tras las cortinas
cantando a media voz
baladas francesas.

Cocinaba flores secas
en salsa de recuerdos dulces
y leía cuentos extraños
sobre hadas ancianas
y príncipes desterrados.

Llegó aquella mañana,
o quizá no,
quizá estuvo siempre
entre los días,
en los silencios fugaces
pintando las miradas. 

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