Infestado de campanillas,
de dulzor de bandeja
y escozor de cartera,
vuelvo al día.
Al día diario
de rebaja,
saldo y empeño.
Enero asciende pesado,
escarpado de arista
y se perdieron,
ladera abajo,
los propósitos
y las enmiendas.
Soy el mismo,
o aún peor,
sigo siendo yo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
SIN VERSOS EN LAS YEMAS
Se marchitaron los brotes de versos en las yemas de estos sarmientos, gélidos de la nevada, y el racimo es promesa por incumplir. No abu...
-
El fruto del sudor honrado se evapora, asciende en nube negra a las torres donde se atesoran los sueños. La corbata de seda crece imp...
-
En medio de un Camino, un ojo gris con párpados de verde monte. Ojo mirando a ...
-
El violinista tortura con experta saña los nervios del violín y éste, indefenso y abandonado, grita lastimero el más bello grit...
Por fin enero se instaló y regresa la normalidad con él, aunque ello suponga convertir el día a día en rutina, pero al menos la cartera descansa.
ResponderEliminarBesos