martes, 14 de diciembre de 2010

ENRIQUE

Prisa te diste
en robarnos el quejío,
el pellizco de alma
de una voz buena
de pan de pueblo.
Prisa te diste
en inundar El Albaicín
de llanto de veras,
llanto de Alhambra
que rasga cantes
por el Sacromonte herío.
Prisa te diste,
muerte necia,
en apagar candiles
que alumbraban
caminos nuevos
para los cantes arcanos.
Prisa te diste
en derramar lágrimas
retornadas de Boabdil
por su Granada huérfana.
Luto de guitarras
y cajones destemplados,
epidemia de pena
de soleá de hoguera,
gemidos de cueva.


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