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Mostrando entradas de mayo, 2013

La caída del cometa

Mucho orbita la amenaza
del asteroide homicida
que la existencia liquide.
Mas camino sin paragüas
para meteoros de ausencias
que vivir no es penitencia
y el pecado es accidente.
La eternidad es agravante
del delito de soberbia,
y la elección va por libre
como el tiempo
y su consecuencia.

TIOVIVO

Sigue girando el tiovivo  que habitamos por azares en un ferial de universo  que se expande tras estruendos  de los que culpan a algún Dios.  Menos que puntos en la elipse,  parásitos de la esfera,  transitamos un instante  que a poco nos sabe siempre,  como al niño en la atracción.  Mas tan poco que somos  y lo breve de la estancia no nos aparta de la urdimbre  que tejemos como abrigo para el frío que da lo simple,  lo sencillo de los ciclos  que no admiten la soberbia  de quién niega la evidencia,  sólo humillado ante los templos  para crearse eternidades.  Gotas de lluvia vana  que muere en los barbechos  creando nubes de cadáveres  cuando acaricia el sol. 

Tantos dioses he matado

No sabría decir
cuántos dioses he matado.
Mi torpe cabeza los crea
en siete días,
como clavos ardiendo
y la razón sentencia,
por mor de la luz,
desparasitar el seso.
Mientras viven intentan
vender falso consuelo
de eternidades,
amparados en la soberbia
del que no se asume
carne perecedera.
Mas los anticuerpos
actúan efectivos
tras la vacuna de pensamiento,
la cura de humildad
que asola los olimpos.