Ríe.



Bien parece que mal
es mejor
y así nos reafirmamos.
Y me miro
y me contemplo
como testigo ajeno,
espectador invitado
a la ópera buffa,
en la que canto coros
en tercera voz.
Y me cuestiono,
a estos años
de fajador,
si no debiera
renunciar al tongo.
Ríe, payaso,
rezaba el aria triste.
Ríe, o no sé,
la lágrima ya no inmuta
el maquillaje,
la función es incierta
en esta carpa demencial.
Debe el show continuar,
o degollar al apuntador
que martillea la sien hastiada.

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