martes, 26 de agosto de 2008

HAY INFANCIAS

Qué contarte de entonces,
cuando las cerraduras
inmisericordes
cantaban de madrugada
arias de pánico.
Qué decirte del miedo
y la rabia impotente
de inerme testigo,
amordazado
de confusiones.
Cómo explicarte el odio,
el anhelo de orfandad,
de lo normal,
lo no anómalo
como sueño.
Mejor no hablar
del gris,
el gris perpetuo,
impregnado
e indeleble,
de sabor acre
regurgitado a veces
por la memoria.
Quizá por eso
veas en mí
lo pardo,
 a veces.
Quizá quede la mancha,
o el hedor rancio
de vuelos frustrados.
No sepas tú
de esos dolores
y ríe,
que tengo azules
para que heredes,
y festivales de rosas,
y cantos
tras mi ceño
en falla tectónica
de mil terremotos.

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