domingo, 9 de noviembre de 2008

DÍA DE CIUDAD

 
 
Una estampida de peces
secos de monte
y escamados de amianto
me impide cruzar la calle.
Se esconde el semáforo
bajo un toldo de bar
repleto de turistas harapientos.
Llego tarde a la cita
con aquella mujer de esparto,
trenzada en hebras de vida.
Salta el móvil
vibrando al acecho
de cobertura huída.
En una isla de acera
espero desenlaces
y el cemento,
aluminoso,
agrieta mis suelas
dejando paso a la humedad
segregada al paso
de babosas peregrinas.
Mil reproches en mi agenda,
vociferando consignas
contra mis temores.
Burlona,
la acristalada esquina,
la de enfrente,
sonríe mi impotencia
sabiéndome no llegado
a tiempo
a sus escaparates altivos.
No es día de ciudad
por lo que veo,
es día de arena y sal
o de turbulencia
entre nieblas
a media altura.
Siempre queda el café
catatónico y sumiso,
para borrar proyectos
con temple de espuma.
 
 

2 comentarios:

  1. No hay mejor terapia que el aroma del café recién hecho ¿no crees?

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  2. Hay muchas más, Gloria, pero el café y su aroma son, al menos, un buen placebo.
    Gracias por la visita y me honra que te gusten mis amagos poéticos.

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