Agostando.

Como el verano escapa
como escapan los momentos,
las palabras justas
y los deseos ajusticiados,
habrá que apurar el sol
y todas las tibiezas.
Aquí seguiremos,
otoñando en prematuro,
dorando las hojas
con pinceles de llovizna.
Crecerán las lunas doradas
como despedida del estío
y se distanciarán
de nuestro devenir,
siempre inseguro.
Descansarán las playas
de las plagas bíblicas
y se darán al mar,
entregadas y entreabiertas.
Las rutinas viciadas
y la labor ingrata.
Seguiremos en mayoría
siendo rebaño atónito,
a la espera de un gesto,
un silbido,
del pastor que nos mal guíe.
Agoniza agosto,
agostándose en la raíz,
y las pizarras reclaman
polvo de tiza.

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