martes, 4 de agosto de 2015

Cuando la gaviota diga.

Cielos y farolas.



Cuando sobrevuele la gaviota
la leve sombra que proyecto,
quiero tener la barba limpia,
peinada sobre el pecho.
Camisa blanca planchada
con vapores de lavanda
y las manos desnudas
de joya o bagatela.
Quiero oír a un tenor decir
que lucían las estrellas.
Quiero ver a Mononoke
cabalgando un gigantesco lobo
entre montañas feroces.
A Alicia cruzando espejos
y a Audrey frente a Tiffany's.
A Chihiro entre fantasmas,
a Aldonza en un palacio.
Quiero ver a Melibea,
a Julieta envenenada.
Quiero una mariposa japonesa
mirando a un puerto hueco.
Quiero soleares por Nueva York,
moscas de pupitre
y ángeles marinos.
Cebollas de escarcha
en la celda de Segismundo.
Tantas cosas quiero que,
cuando la gaviota exhale
su graznido justiciero,
quiero haber estado,
cuando menos.

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