Cuando el centro se hiergue,
bélico,
invasivo,
y las grutas destilan los deshielos
en reguero meloso
de termales espumas,
es cuando la piel incendia
los rastrojos de la desesperanza.
No articulan las bocas
mas que jadeo rimado,
buscándose voraces
en intersección de lengua.
La inexorable batalla
de latidos a contrapelo,
cruenta en llama,
se desangra en las colinas
y en los valles hierve.
El Universo se retrae,
en pliegues de tiempo y forma,
preparando el estallido
para constelar de nuevo
la única certeza.
jueves, 25 de febrero de 2016
Vertical.
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SIN VERSOS EN LAS YEMAS
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