Romancero de lo cotidiano.

No llego a la altura,
no doy la talla,
carezco de estatura
moral en la batalla
que se libra en esta sala,
en la cocina,
en la alcoba, la vitrina
donde se esconden las alas.

No doy la nota,
siempre suspendo,
y asumida la derrota,
aunque me haga el estupendo,
el ánimo llevo a jirones
y esta fiebre no me baja,
la razón se desencaja.
Sólo  sueño con gorriones
bajo la encina bailando,
con la sombra especulando,
despojados de emociones.

Será la vejez cercana,
el saldo de lo vivido,
lo que trae esta desgana,
este aroma fallecido,
este estar sin insistencia,
este sol descolorido,
este ser desconocido,
esta vida en apariencia.



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