miércoles, 21 de diciembre de 2016

Torpe villancico del acompañante.

Hay goteros de espumillón
en la blanca estancia
de la niña
y peregrinan magos
ofrendando sueros
y paz de noche,
intravenosa.

No se cantan alabanzas,
pero la esperanza brilla
sobre las sombras de dolor
y del miedo que se aleja,
prudente y silencioso.

Fuera,
donde habita el cigarrillo,
siempre clandestino,
el frío de Pucela
se resiste a la sal de la tierra.

Me trajo una estrella,
de dudosa bondad,
a velar tu sueño convaleciente
de heridas
de renacimiento.

Entre algodones se celebra,
levemente,
la vida peleada.













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