viernes, 7 de agosto de 2015

En días que no sé.

En días que no sé,
me acercaré a lo mío.
Lo mío de siempre,
lo de entonces,
cuando me forjaba.
En días que no sé,
me entrego al sol fiero,
al aire horneado
de los veranos verdaderos.
En días así,
de perro viejo,
me sumerjo en las aceras
que sobre ruedas cabalgué.
Son días que no sé,
días sabidos,
previstos e ignorados, 
y en mi lugar
firmaré las edades
del meridiano ya cruzado.

jueves, 6 de agosto de 2015

Ser y no estar.

Entornaré las puertas
para aliviar murmullos
y ni asentiré
para no crujir el cuello.
Caminaré con paso al roce,
lento y continuo,
sin alterar las brisas.
Lavaré mi cuerpo
en aurora neutra
para matar aromas de vida. 
Imperceptible,
evitando despertar
lo inaguantable.
Enguyendo silencios
a destajo.
Más los silencios
se expanden en la entraña
de elasticidad finita.
Mejor casi no ser
que ser fricción
que detone el estallido.
Casi no estar,
casi no ser,
ser o no ser,
ser y no estar.

miércoles, 5 de agosto de 2015

NO ME CREERÉIS.

Claustrofobia

Puede que no me creáis si os digo
que yo,
querer,
querer quisiera ir vestido de sonrisa,
con el ceño claro de sábana tendida.
Es cierto que quisiera,
querer quisiera susurrar en seda,
profundo y tenue,
como en adagio.
Cuánto daría yo,
dar,
dar daría lo que fuera
por ser la calma,
río límpido en corriente continua.
Mas me persigue el ruido,
la estridencia,
la salpicadura sonora
de granizos desbocados
que embarra mi rostro
de malnacido.
Amaría amaros,
a todos,
a bocajarro,
empatizar con vuestras cuitas
y tener siempre consuelo,
ser caricia,
beso leve,
mas amar tortura
y los desamores son mi plaga.
Llevo jirones de cuero viejo
por dónde pasaron las caricias.
No es disculpa,
bien lo sé,
pero soy barro seco.
No me creeréis,
mas yo,
querer,
querer quisiera. 

martes, 4 de agosto de 2015

Cuando la gaviota diga.

Cielos y farolas.



Cuando sobrevuele la gaviota
la leve sombra que proyecto,
quiero tener la barba limpia,
peinada sobre el pecho.
Camisa blanca planchada
con vapores de lavanda
y las manos desnudas
de joya o bagatela.
Quiero oír a un tenor decir
que lucían las estrellas.
Quiero ver a Mononoke
cabalgando un gigantesco lobo
entre montañas feroces.
A Alicia cruzando espejos
y a Audrey frente a Tiffany's.
A Chihiro entre fantasmas,
a Aldonza en un palacio.
Quiero ver a Melibea,
a Julieta envenenada.
Quiero una mariposa japonesa
mirando a un puerto hueco.
Quiero soleares por Nueva York,
moscas de pupitre
y ángeles marinos.
Cebollas de escarcha
en la celda de Segismundo.
Tantas cosas quiero que,
cuando la gaviota exhale
su graznido justiciero,
quiero haber estado,
cuando menos.

Pájaro azul.

Encontré entre los pliegues
del cemento un pájaro azul,
lo cebé con las mieles
que robé de altares de luz.
Tras dormirse en mi mano
un día voló.
Retando al mar
una pluma perdió,
la encontrará
porque la tengo yo,
clavada en esta herida
que supura color.
Dejando atrás
mi juventud
puedo escuchar
los trinos de la ingratitud.
Seguirá mi camino,
mis tropiezos,
mi torpe danzar,
descartando los rezos
que el temor me quiso inculcar,
no mendigo los besos
que no quieres dar.
La perdición
es un viejo juglar,
una canción
te puede apuñalar,
los pájaros azules
nunca son de fiar.
Que esperas tú
de este animal,
piel de palabras
de una carta de algún criminal.

Biografía de Fulano.

Cuando nací
fui algo prematuro,
nadie por mí
daba ni un puto duro.
Así crecí,
quizá algo inseguro,
acumulé
ladrillos en el muro.
Luego busqué
hazañas y gigantes,
solo topé
molinos y mangantes.
Cruces cargué
al lomo doblegado
y las quemé
cuando hube despertado.
Sembré una flor
pero yerré en el tiesto,
fallas de amor
y lechos indigestos.

Es verdad
que la vida poco me va a dar,
qué más da,
si al final
sólo nos queda el morir,
eso sí.
Razonar
qué sentido tiene el existir
y sufrir,
puede hacer
que el tiempo pueda correr
sin creer.
Cabalgar
a los lomos de la libertad
no está mal,
despertar
en la celda hace llorar.

Agrias horas.

Qué agrias son las horas
y los momentos reiterados.
El rulo que rueda y
aun sabiéndolo invariable,
esperas cambio de giro,
ligeramente favorable
a tu deriva
más no.
La melodía es necia
en su fórmula matemática, 
regida por pasiones
poco numéricas.
Que mal se digiere
lo que nunca cambia,
quebrando esperanzas
de cáscara de papel.
Qué amargo que se espere
que engullas la píldora,
seca y espinada,
de negarte ante el espejo.

SIN VERSOS EN LAS YEMAS

Se marchitaron los brotes  de versos en las yemas de estos sarmientos,  gélidos de la nevada,  y el racimo es promesa por incumplir.  No abu...