PEDÍ QUE BUSCARAS

Cuando pedí que buscaras
dónde aparcaba la Luna
no anhelaba más fortuna
que cuatro rayos de plata
de esos que pierde a diario
en las noches de rocío,
rayos blancos, rayos fríos,
para iluminar tu armario.
Para vestirte de aura,
compensando la luz pura
que pierdes por las costuras,
que se evade de la jaula
que forjé para tenerte
como un cálido candil,
para ver como escribir
el libro de nuestra suerte.






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